A PIE DE CAMPO. Estoy de acuerdo con Rosell. Roura es un héroe por haber cogido el equipo en una situación indeseada como es la de la grave enfermedad del primer entrenador, íntimo amigo suyo, por otra parte. Ya solo por eso merece el respeto que algunas veces y en alguno foros se le ha negado. Roura ha aceptado el papel de primero sin dejar de ser segundo. Es más, cuando las cosas todavía iban bien y después de marcarle seis goles al Getafe, el propio Jordi reconoció que él no es más que un segundo entrenador y que, además, no quiere dejar de serlo.
Pero resulta que las cosas se torcieron en Milán. Y fueron a peor contra el Madrid. Y entonces las buenas palabras para este segundo entrenador se convirtieron en críticas por no tener a un líder en el banquillo. Pero, ¿en qué quedamos? ¿no era tan buena la autogestión públicamente aceptada por un técnico que no tenía, ni tiene, el menor reparo en declararse temporal y en aparecer en televisión obedeciendo las órdenes que le mandan por teléfono? Es injusto que Roura se lleve todas las bofetadas. Por lo menos, lo es y lo será hasta que no se equivoque él solito. Miren, una situación interina puede valer para un par de semanas, pero más allá ya se convierte en norma y es entonces cuando aflora lo malo del sistema. Se ha demostrado que una cosa son, con todos los respetos, Osasuna y Getafe en casa, y otra el Milan y el Madrid. Y, sobre todo, una cosa es supervisar el plan de trabajo y preparar los entrenamientos desde Nueva York y otra, dirigir un partido de fútbol. El teléfono vale para un consejo, no para decidirlo todo, pues es imposible que Vilanova tenga la misma información viendo el partido por la tele que Roura viviéndolo a pie de campo. Y a la hora de tomar decisiones, un minuto puede ser clave. Así que en los partidos, yo dejaría que Roura fuera el que decidiera.