Ciclismo

Marc Soler, con el freno puesto

En Movistar llevan a Marc Soler, de 21 años, con suma discreción. ¿Cuáles son sus límites? Al igual que ha sucedido con otros grandes campeones, ni médicos ni técnicos tienen una respuesta precisa.

Marc Soler, con el freno puesto

El ciclista de Vilanova i la Geltrú tiene un brillante futuro por delante

Agustí Bernaus

24-2-2016 | 20:33 H.

Primer impacto: Mide 1,86 m., dos centímetros menos que Miguel Indurain. Segundo impacto: El año pasado, cuando tenía 20,  ganó el Tour del Porvenir yendo escapado por puertos míticos del Tour de Francia como Cornet de Roseland, La Rossière,  el inacabable Col de La Madeleine, o la Croix de Fer. Tercer impacto: Su margen de progresión no tiene límites.  En Movistar, médicos y preparadores le sitúan con el potencial de un ganador de Tour por sus condiciones de escalador y rodador. Cuarto impacto: Corre con el freno de mano puesto. Le gusta el ciclismo ofensivo, imaginativo y apasionado. 

Pero podría cruzarse con Abraham Olano y no le reconocería. Para su compañero José Joaquin Rojas y los demás veteranos de Movistar eso sería un sacrilegio, No hay que olvidar que Marc hace solo siete años que comenzó a fijarse en este deporte: “Es que el Tour me venía bien para echarme la siesta. Me pasó con Paolo Bettini, que no lo reconocí y bien que lo siento”. Cuando el italiano rivalizaba con Freire Marc iba para portero de fútbol del Vilanova, culé hasta la médula. Quien entonces captaba su atención era Ronaldinho y sus colegas. Hasta que  probó el ciclismo.

Tiene tanta ilusión que el año pasado se marchó al Tour como un aficionado más y subió hasta Plateau de Beille para ver el triunfo de Purito Rodríguez: “Que grande que es aquello. Nada que ver con lo demás. Allí están todos, los mejores”.  Desde entonces “aquellas imágenes me hacen soñar con que un día estaré allí”.

 Euusebio Unzué, el mánager de Movistar no dudo ni un instante cuando le pusieron delante a ese chaval. Tenía las referencias del director de Lizarte, Manolo Azcona, que aún hoy sigue repitiendo que no haber visto “nada parecido y llevo 30 años en esto”. Unzué, como hace con todos los jóvenes, le ha dado un primer año como profesional para que se adapte, para que suba bidones, cometa errores y aprenda. “Es lo que toca”, dicen. En Abu Dhabi, por ejemplo, Unzué, en la última etapa le dejó libre. Marc se quedó sin agua “y reventé”. Sus compañeros le echaron ‘puyas’ que le dolieron en el alma.

Así, en ese aprendizaje por poco les gana una etapa de la Volta a Catalunya’2015: “Me hace una gran ilusión volver a correrla este año”. Y más sabiendo que la penúltima etapa concluirá en Vilanova i la Geltrú, de donde es él: “Sé que me tocará trabajar para Nairo - Quintana - pero no me importa. Lo haré encantado”. Marc confía ciégamente en el colombiano porque “ganará el Tour. A Froome le fue justo el último día de montaña, en Alpe d’Huez, el año pasado”.

En su segunda temporada anduvo escapado algo más de 80 Km. en el Tour de Dubai “porque me dijeron que me  metiera. Cumplía
órdenes”. 

A Soler le encanta el ciclismo ofensivo: “Entrenando me siento libre, pero en competición, cuando me dicen que no ataque muchas veces tengo que morderme la lengua. A veces mis propios compañeros me echan la bronca porque entro en escapadas de menos de seis corredores y saben que no irán a ningún sitio. La mayoría de veces voy con el freno de mano puesto pero hay que respetar lo que dicen en el equipo”.

Antes de la Volta a Catalunya repetirá en la Strade Bianche, una clásica que rememora el ciclismo a la vieja usanza. La corrió en 2015 para apoyar a Valverde: “¡Qué motor tiene! Nos descolgamos y yo, para llevarle en una cuesta, iba ya apurado, entonces me miró se puso a reir y despegó. Siempre va tres puntos por encima del resto”.

En Movistar llevan a Marc entre algodones, intentan que no se lo crea. Como hicieron con otros campeones antes que él. Por eso les molesta que establezcan comparativas, “porque aún no toca”, dicen. Pero Soler está ahí, creciendo sin que nadie sepa dónde está su techo. 

Malori le hizo ver la otra cara del ciclismo

Esta temporada Marc Soler tuvo que tragarse una lección que nunca hubiera querido recibir. Fue en el Tour de San Luis, en Argentina, cuando iba detrás de su compañero Adriano Malori y le vió saltar por los aires por culpa de un bache en la carretera: “ Yo también me caí. Grité desde el suelo para que me hicieran caso porque me había hecho daño en la espalda, pero cuando ví a Malori giré la cara y dejé de gritar. Sentí miedo por él. Nunca había visto nada igual. Es una imagen que no olvidas”. Hasta poco antes de correr el Tour de Haut Var Soler ha seguido tratándose las heridas de la espalda mientras Malori sigue convaleciente en Pamplona.

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