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La otra cara de Arda Turan: un héroe de barrio

En el Barça no ha tardado en caer en gracia al vestuario. Así es el hombre que se ha ganado al tridente en tiempo récord. 'Ardaturanismo', a fondo 

La otra cara de Arda Turan: un héroe de barrio

La barba es una seña de identidad de Arda

DÍDAC PEYRET/JORDI GIL

29-1-2016 | 01:00 H.

A media tarde y antes de partir hacia el Calderón, Arda Turan se encontraba relajado en un hotel de Madrid. Fuera le esperaba, expectante, un grupo de aficionados cargados con bengalas. Cuando salió junto a sus compañeros de equipos se armó un buen lío.

Ese día había huelga general y la confusión era enorme. La policía pensó que se trataba de un grupo de antisistemas, cuando lo que en realidad estaba ocurriendo ahí, es que el séquito de Arda se lo estaba pasando en grande.

El ‘Frente Kebab’

Aquel grupo era el entorno mas cercano del futbolista y en Madrid pronto se le encontró uno de esos apodos que invitan al chascarrillo. “Se le llamaba el ‘Frente Kebab’ porque siempre se reunían en un restaurante cerca de El Retiro”, recuerda Juan E. Rodriguez Garrido, autor del libro ‘Arda Turan. El genio de Bayrampasa’ (Al Poste).

“Les cerraban el local para ellos y se reunían para estar juntos, escuchar música turca y disfrutar de la comida. En el grupo había familiares, amigos e incluso estudiantes turcos que vivían en Madrid. Aunque quien comandaba todo aquello era Ata”.

Ata era conocido como su traductor pero jugaba un papel mucho más importante.Era su asistente, su mano derecha, su persona de confianza. Los que lo rodean bromean incluso con el parecido físico de ambos.

Lo definen como una persona inteligente y cercana, que “sabe moverse”. Durante su etapa en el Atlético vivían juntos en el piso que tenía Arda en Pozuelo (Ata ocupaba una de las plantas).

Turan sigue sin dominar bien el español. Y aunque -dice- no sentir nostalgia de su país, siempre se ha rodeado de una red de seguridad. Algo que le resulte familiar; un vínculo emocional y cultural con su tierra.

Ese rol lo juega “un núcleo duro” de gente. Y resulta clave porque, aseguran en su entorno, detesta no estar acompañado. “Rara vez lo verás solo”.

"Su casa parecía un mercado"

Senhal Bolelli, periodista de la agencia turca Anadolu, conoce bien el carácter del turco. “Es un enamorado de la gente. La mitad de sus amigos viven con él. En su casa de Madrid podía haber tanta gente que parecía un mercado. Seguramente no conocía a la mitad de la gente”, asegura entre risas.

Las visitas han aumentado en Barcelona (desde Estambul son menos horas de vuelo) y entre la gente que recibe Arda hay desde actores, a empresarios, pasando por presentadores de televisión.

Nada raro, porque en su país es considerado “un semidiós”. También en el Atlético donde tenía un reservado en el palco del Calderón y en alguna discoteca de la capital.

En los últimos tiempos sufre menos el ‘pressing’ de los paparazzi (ya no sale con la actriz y modelo turca Sinem Kobal) y asegura haber madurado.

Carles Cuadrat fue ayudante de Rijkaard y coincidió con él en el Galatasaray. “Le encanta Barcelona porque su bullicio le recuerda a Estambul. Le gusta mezclarse con la gente. En los restaurantes no pide reservados ni nada por el estilo. No le importa firmar autógrafos o que los hinchas sean efusivos con él”.

En Estambul, Cuadrat descubrió a un tipo agradecido con los suyos. Cuentan en su país que cada vez que se pasa por Bayrampasa, el barrio humilde donde creció, se hace cargo de las facturas de luz de su gente.

Tampoco es ningún secreto que, con su primer sueldo como futbolista, le compró una gasolinera a su padre. “Por su forma de ser deja huella en los clubs que está”, asegura Cuadrat.

"Mi fútbol es como si estuviera jugando en la calle" 

Las imágenes de Arda, con lágrimas en los ojos, tras lograr la clasificación con Turquía, dan buena cuenta del apego que siente por su país. Y aunque su ídolo fue Hagi, cuando habla de su fútbol, siempre rememora las calles de su infancia.

“Jugaba en una calle bastante estrecha y había que pasar el balón muy rápido para esquivar a la gente. Ahí aprendí la técnica. Por eso mi fútbol es como si estuviera jugando en una calle estrecha con porterías hechas sólo con piedras”, explicó en la revista ‘Líbero’.

Uno de los tópicos que acompañan a los turcos es que son tímidos de primeras, pero que, una vez pasas a su zona de confianza, se abren a lo grande.

Rodríguez Garrido aún recuerda una anécdota cuando estaban a punto de terminar el libro. “Puedo parecer que no, porque siempre está con una sonrisa permanente, pero tiene un fondo tímido. Me acuerdo que nos dió por cantarle la canción que le cantaba el Calderón y se moría de vergüenza”.
En Barcelona mantiene los mismos tics, aunque se ha soltado pronto con los capos del equipo. Le sigue costando con el idioma pero su carácter liviano ha encajado con Messi, Neymar y Suárez.

“Es muy futbolero y domina los códigos de un vestuario”, recuerda Cuadrat. “Le gusta escuchar a todo el mundo, habla con todos y luego decide él”, intercede el periodista Bolelli.

Con el tridente comparte, además, esa aroma de jugador de barrio y el sentido lúdico del juego. Arda juega para divertirse y lo hace a corazón abierto. No hay rastro de impostura.

Es espontáneo y también impulsivo. Hace grandes jugadas, pero también comete errores de bulto como cuando lanzó una bota a un asistente. Es muy humano, en definitiva, y por eso conecta tanto con la gente.

“Tiene gestos que se venden bien. Le hemos visto en una tanda de penaltis arrodillarse y comenzar a rezar [es musulmán y practica el Ramadán]. Le hemos visto salir al césped antes de una semifinal de Champions en traje y corbata. Pero sin la chaqueta y con tirantes, tomándose un café”, explica Rodriguez Garrido.

El 'ardaturanismo'

De ahí nació también un concepto que hizo fortuna entre los hinchas del Atlético: el ’ardaturanismo’.
Esa forma de entender la vida con una sonrisa. También una estética particular, con esa barba ‘hypster’ que ha contribuido a una imagen icónica.

Una foto publicada por Arda Turan (@ardaturan) el

Es vecino de iniesta

Pese a su apego a Madrid, Arda no ha tardado en acomodarse a Barcelona, una ciudad que le recuerda a Estambul. Vive en Esplugues de Llobregat, es vecino de Iniesta y está cerca de la Ciutat Esportiva.

Uno de sus rincones de favoritos de la ciudad es el restaurante Pez Vela, debajo del hotel W. Ahí disfruta siempre que peude una paella de marisco.

Sus exentrenadores Carles Cuadrat y Albert Roca, con los que coincidió durante su etapa en Galatasaray cuando Rijkaard estaba en el banquillo, le han ayudado a descubrir la ciudad.

En Barcelona, las visitas a su casa de compatriotas, son muy habituales. Arda recibe a un gran número de celebrities turcos. Desde presentadores de televisión a actores. Pero también amigos que ha ido haciendo en los clubs donde ha estado. A su lado, en Barcelona, siempre está Ata, que le ayuda con el idioma y es su persona de máxima confianza.

En su entorno tienen claro el por qué del fenómeno: “No tiene mucho ego y eso no es habitual entre futbolistas. Es solo un chico de barrio y por eso conecta con la gente“.

La otra cara de Arda Turan: un héroe de barrio

Arda, junto a sus exentrenadores Carles Cuadrat y Albert Roca, y dos amigos turcos

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