Guardiola fue inflexible a la hora de analizar la derrrota en Pamplona, pero a la vez espoleó a los suyos para Europa
La derrota ante el Osasuna en el Reyno de Navarra ha supuesto un punto de inflexión para Pep Guardiola. Hasta ahora el técnico se había mostrado siempre indulgente en las derrotas o en los resultados adversos, restándole trascendencia, intentando minimizar las consecuencias y buscando aspectos positivos para soliviantar a los suyos. En esta ocasión, el técnico blaugrana fue mucho más inflexible en sus comentarios, leyendo la cartilla a más de uno, sin individualizar ni dando nombres propios, pero no dejándose nada en el tintero. Evitó buscar las excusas del frío o del terreno de juego -pese a reconocer que afectaron en muchos sentidos- así como tampoco las decisiones arbitrales puntuales. Para el de Santpedor, la culpa de la derrota era del equipo y punto.
Pep responsabilizó en buena parte a los defensas de cometer errores que dejaron al equipo con un 2-0 en contra a los veinte minutos del partido, pero también repartió hacia otras líneas, aunque sin tanta vehemencia.
Les recordó en cualquier caso que nunca permitirá que bajen los brazos ni tampoco que se rindan antes de tiempo, poniendo especial hincapié en mantener la cabeza bien alta y no dar ningún punto por perdido hasta el final porque “la Liga es el termómetro de la temporada”. En cualquier caso se trató casi de una reflexión en voz alta, buscando una catársis global del grupo.
Y utilizó la coartada de la Champions -la competición que se reabre por todo lo alto mañana- como su mejor inyección de moral para insuflar un poco de aire a su equipo.
“Esta Champions no se nos puede escapar”. Así de contundente se mostró el técnico blaugrana, consciente que el recorrido en esta competición es de dos meses, por lo que con solo seis partidos más se podrían plantar en una final más: ¡la quinta de la temporada!
“Somos los vigentes campeones y hemos de defender nuestro título”, les arengó a sus pupilos para tocarles un poco el orgullo, recordándoles que ellos son los que levantaron por última vez el trofeo y que de ellos depende que nadie más lo levante el 19 de mayo en Munich.
Pep sabe que la baza de Europa ahora gana enteros, por lo que el equipo ha de morir en esta competición para seguir viviendo al máximo la temporada, sin dejar atrás la Liga por si en algún momento suena la flauta y el equipo se 'reengancha' al campeonato.
No hay duda que Guardiola tiene muchas cartas guardadas para pensar que el partido en Leverkusen será muy distinto al que se vio en Pamplona, pese a que las temperaturas en Alemania también rondarán los cuatro o cinco grados bajo cero.
Para empezar estarán sobre el campo los tres 'jugones' por excelencia -Xavi, Iniesta y Cesc-, ausentes por decisión técnica del propio Guardiola. El técnico les argumentó a cada uno de ellos antes del inicio del partido los motivos por los cuales decidía darles descanso y los tres lo aceptaron sin mayor problema.
Después, el inminente regreso de Seydou Keita de la Copa África también le permitirá tener muchas más alternativas a la hora de mover banquillo y dar fortaleza en el mediocampo, mientras que la recuperación de Sergio Busquets también le solucionará los déficits de consistencia y circulación que se han visto en los últimos partidos a la hora de iniciar las jugadas.
Guardiola, tras clasificar al equipo para su decimoprimera final en los últimos tres años, no quiere que la Liga marque el rumbo de la temporada y está dispuesto a poner todo su empeño para que sus hombres se vuelvan a motivar. Tras el varapalo en el Reyno de Navarra utilizó el látigo, no sin sentido y a diestro y siniestro, sino más como si se tratara de un escarpelo, con la intención de eliminar las dudas, si las hay, y algunas actitudes puntuales que no son propias de un equipo campeón.
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