De exitosa puede calificarse la iniciativa de la ‘Diada Solidària’ que llevó ayer a cabo la directiva del Barça
ANIMANDO A SUS ÍDOLOS. Niños y jóvenes pudieron disfrutar ayer de una jornada inolvidable | Foto: IGNASI PAREDES
El Barça echó mano de la imaginación, y de la generosidad del socio, para que el Camp Nou no pareciera el Estadio Internacional de Yokohama, silencioso como un cementerio. Media hora antes de empezar el partido, los accesos al Estadi estaban llenos de gente que, sonrisa en boca e invitación en mano, llegaban para disfrutar del Barça.
Muchos de ellos lo hacían por primera vez y, pese a que el partido se jugó a las diez de la noche, acompañados por niños. En total fueron 56.480 los espectadores que se acercaron para ver el espectáculo que ofreció el equipo de Pep Guardiola. El ténico quiso corresponder a todos los que apoyaron desde la grada al equipo con una alineación de lujo en la que solo Isaac Cuenca tenía ficha del B, pese a que, a todos los efectos, es futbolista de la primera plantilla. Máximo respeto a la afición y máximo respeto a L¿Hospitalet.
La más de media entrada que presentó el Estadi se debió, eso sí, a la Diada del Soci Solidària, que evitó un Camp Nou desangelado, puesto que sin ella poco más de 21.000 socios hubieran ocupado sus localidades. Más de 33.000 personas de las 54.000 que acudieron lo hicieron invitadas por un total de 484 entidades y asociaciones. Espai Àfrica, Càritas, la Fundació Síndrome de Down, Creu Roja o el Casal de l¿Infant del Raval fueron algunas de las asociaciones que utilizaron las localidades liberadas por los socios abonados.
Una de ellas, ONCE, estuvo representada por su director en Catalunya, Xavier Grau, que vino acompañado por su perro lazarillo. Bander, que así se llama el can, se comportó como un señor en un palco abarrotado de autoridades de todo tipo y diez socios que liberaron su asiento y fueron agraciados con diez localidades de palco gracias a un sorteo. Balder ladró con cada gol del Barça como un culé más. Sus aullidos se mezclaron con los gritos de Barça, Barça que, sobre todo en la segunda parte y a modo de gracias por el espectáculo, se oían en la grada. Incluso pareció unirse a la ola con sus patitas cuando el Camp Nou explotó de alegría con el sexto gol, obra de Isaac Cuenca.
Valió la pena disfrutar del último partido del año en el Estadi, donde el equipo nunca se deja nada en el vestuario. Los más de 33.000 no habituales, además, siempre podrán decir que vieron jugar a un chaval por la banda que responde al nombre de Cristian Tello y que, a poco que gane regularidad, se unirá a la fiesta que han montado los canteranos desde que Pep Guardiola habita en el banquillo. La goleada se pudo disfrutar desde casa, sí, pero no es lo mismo. El fútbol, como dicen los sabios, se ve en el campo o en el bar. El partido de ayer fue de los que se disfruta en el campo y se remata después con una cerveza en la mano.
El humo ya es historia en en el Camp Nou. Los puros, los cigarrillos –los liados, los que se lían y hasta los de la risa–, las pipas y las cachimbas permanecerán para siempre apagados, lejos del mechero. A partir del próximo 1 de enero el Estadi será un recinto sin nicotina y los niños y los ancianos podrán respirar sin miedo a llevarse a los pulmones una bocanada de humo. La prohibición ha llegado de forma paulatina, poco a poco e intentando mentalizar al socio y aficionado de que fumar es malo y de que, si se opta por ello, al menos no se podrá hacer en el Camp Nou. El último reducto, una palabra de moda, en el que se ha permitido fumar es la grada, donde muchos, a modo de entierro, quisieron fumarse un último cigarro que siempre quedará en el recuerdo. Las imágenes de señores, y algunas señoras, fumando ya forma parte del pasado. Los nuevos tiempos invitan a una vida más saludable, pero sin radios y sin puro, el fútbol nunca más volverá a ser como antes
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