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Javier Ortiz: "Jordan se comportó como un profesional"

Javier Ortiz, en una imagen de archivo
Javier Ortiz, en una imagen de archivo | sport

¿Por qué 101 relatos?
Porque el libro está inspirado en ‘101 historias de la NBA’, de González Vázquez, y a raíz de ahí mucha gente me animó a que yo hiciera algo similar con la ACB.
¿Y por qué acota el periodo entre 1980 y 1999?
Fue entonces cuando estalló el boom del basket español y se popularizó a la par que llegaban los éxitos de la selección: las medallas en el Eurobasket 83 y en los Juegos de 1984, la victoria sobre Estados Unidos en el Mundial de Colombia en el 82... ¿Y sabe qué?
¿Qué?
El primer capítulo arranca en 1980 con una anécdota sobre Epi que ocurrió un día después de que naciera Pau Gasol y termina en 1999 el día que Pau Gasol debutó en la ACB casi de incógnito jugando 30 segundos…
¿Y qué le pasó a Epi?
Que no pudo salir con sus compañeros de selección para Moscú en 1980 cuando iban a los Juegos porque estaba haciendo la mili y esa era la época de la guerra fría. Después todo se arregló.
Habrá recabado muchas anécdotas, ¿no?
¡Uf! He hablado con mucha gente para conocer todo tipo de historias, las hay divertidas y otras dramáticas.
¿Por ejemplo?
Cuando Tikhonenko jugaba en Valladolid su mujer murió al dar a luz y él iba a jugar un partido. O Cooper, un americano del Oximesa, que se lio a mamporros con el delegado del equipo porque no le ponía una película que le había pedido cuando volvían de Bilbao en autocar.
El encaje de los extranjeros no siempre es fácil…
Abdul Jeelani, un gran jugador que militó en el Baskonia, tuvo problemas con las drogas. O Byron Houston, que jugó en varios equipos de la ACB, estuvo en la cárcel por exhibicionista.
Habrá historias menos truculentas…
Como lo qué hacía Drazen Petrovic en sus ratos libres en Madrid.
¿Qué hacía, era un bala loca?
Pedía las llaves del pabellón para ir a perfeccionar el tiro. Era muy profesional.
Otro que pedía las llaves era Kenny Simpson en Manresa…
Sí, este se llevaba un supletorio y lo conectaba en las oficinas, en el pabellón. Decía que iba para hacer sesiones de tiro, pero llamaba a Estados Unidos… Esta historia no está en el libro pero sí otra del TDK.
Cuente, cuente…
Me explicó Singla, el capitán, que el secreto de aquella Liga que ganaron contra pronóstico eran las cenas que organizaban los jueves, al menos un jueves al mes. Se iban a cenar a Barcelona y esas cenas eran mágicas. Existía una gran unión entre los nacionales y los extranjeros. Entonces ya se podían fichar comunitarios y el TDK no tenía.
¿Y qué hizo Michael Jordan en Barcelona?
Vino a la presentación de la Liga ACB y jugó un partidazo en el Palau d’Esports de Barcelona. Anotó 37 puntos y ¡cómo si nada! Mike Smith y Mario Pesquera me contaron que fue muy profesional, que no iba de divo y que congenió mucho con el resto de jugadores. Pero por la noche se desmadró en el Up&Down y no firmó ningún autógrafo.
¿Era más auténtico el basket de antes?
Era diferente. Las plantillas tenían un recorrido más largo. Era más fácil que los aficionados se identificaran con los jugadores, los clubs… Los mejores jugadores nacionales estaban aquí y los americanos que no estaban en la NBA o en Italia también… Pero ahora los pabellones son mejores, no hay humo… ¡Ah! Y la Liga tampoco está tan mal como algunos creen. Ahí está el Valencia, el canastón de Llull, la Copa ACB con el Granca… 

Josep Coves