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Ghazal, el atleta sirio que vino de la guerra

¿No es fácil entrenarse cuando caen las bombas, mientras ves a la gente morir... Mi país es un infierno¿

"Cada vez que pido un visado piensan que soy un inmigrante. Me he convertido en un experto en las embajadas"

Atletismo
El atleta sirio se ha convertido en un héroe nacional. Es un ejemplo de superviviencia | EFE

Dice que el tiempo corre en su contra. La edad no perdona. A sus 30 años, Majd Eddin Ghazal, medallista de bronce en los pasados Mundiales de Londres en la prueba de salto de altura, tiene prisa y dice que no puede perder un solo día de su vida. “¿Futuro...? El futuro es mañana”, arguye. Su vida es un milagro. El atleta sirio (nació en Damasco) quiere explotar “todo lo que me queda de energía esta temporada porque no sé que ocurrirá después”, explica. 

El atleta que vino de la guerra es un claro ejemplo de lo que se puede conseguir en las condiciones más adversas. Empezó en el fútbol. Después, se pasó al baloncesto. Tenía altura (1,93 metros) y buenas maneras pero, finalmente, se decantó por el atletismo. Su padre le convenció. Tenía 16 años. Participó en los Juegos de Pekín 2008 gracias a una invitación del CIO, Londres 2012 –fue el abanderado de su país– y Río 2016. En 2012, el estadio Abbasiyyin en el que se entrenaba fue bombardeado, lo que provocó quince fallecidos. Él mismo sufrió heridas por la caída de los escombros. Para entonces, ya era una figura nacional. El gobierno sirio tomó la decisión de que participase en los Juegos de Londres y viajó hasta el aeropuerto escoltado por el ejercito. 

Su explosión definitiva se produjo en 2016. En la reunión de Pekín se descolgó con una espectacular marca de 2,36 metros, lo que le situó en la escena internacional. Un año después, ganó la medalla de bronce en los Mundiales de Londres, lo que le convirtió en un héroe en su país. 

“Si no hubiera sido por la guerra, todo habría sido diferente”. Su carrera deportiva está marcada por las carencias: entrenadores, infraestructuras, apoyo técnico, tratamientos, viajes... “Sé lo que es pasar hambre y no comer en varios días. La vida en Siria es terrible. Nadie se puede imaginar a lo que tenemos que enfrentarnos”, explica visiblemente empocionado. Se declara “un experto en embajadas. "Piensan que soy un inmigrante. Sé donde están, qué horarios hacen, qué documentos necesito para los visados... Me he convertido en un experto en esa materia”, bromea. Es la sonrisa del superviviente. 

"Una película de terror"

La situación en Damasco fue terrible: aviones del régimen de Bashar al-Ásad, de la coalición internacional, disparos, explosiones, gritos de la gente... Mi ciudad natal estaba bajo fuego. Me asusté mucho.  Nuestro gobierno decidió que debíamos ir a Londres. Nadie esperaba resultados; fue más una jugada política para mostrar al mundo que Siria seguía viva. Pero Siria está destruída. He vivido una película de terror”

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