“Vuelven locos de las selecciones” explican en el vestuario del Barça. Y lo mismo podrían decir en el del Madrid, Inter o Chelsea. El virus FIFA quiebra el ritmo cotidiano de trabajo, introduce nuevas pautas de entrenamiento, impide pulir los automatismos de un equipo y establece nuevos criterios físicos o técnicos a futbolistas acostumbrados a una rutina diaria imprescindible. Y, sin embargo, y puesto que no existe solución viable, este es simplemente otro obstáculo más en la gestión de personal que debe afrontar un entrenador. Y probablemente, no el más difícil de superar.
Cada vez que llegan estas fechas reservadas para las selecciones se repiten quejas y críticas contra las más diversas instituciones federativas por densificar el calendario. Son ajustadas esas críticas, pero perfectamente inútiles: el aficionado quiere fútbol a todas horas y todos los días. Basta recordar cuán áspero se presenta cada mes de julio sin partidos. Así que finalmente se agradecen los amistosos de agosto y, a falta de choques más apasionantes, tampoco ningún buen aficionado desprecia el fútbol de selecciones, el Mundialito de clubs, las diversas Supercopas y hasta la Copa Confederaciones, por descafeinada que suene alguna de esas competiciones.
Ya que no pueden suprimirlo, los clubs deben gestionar el problema. Gestionarlo significa aceptarlo sin muecas, introducirlo dentro de la planificación general del año y considerarlo un reto más en la gestión de los recursos humanos. Que en eso se ha convertido un entrenador: en capataz de personal. Hay especialistas en la materia. Guardiola, por ejemplo, ha perfeccionado sus métodos y ya sabemos que todos sus hombres regresan de las selecciones con una hoja en la que anotan el trabajo realizado con su país, de ahí que tras esos partidos el entrenamiento en el Barça sea directamente personalizado, así como la participación en el siguiente encuentro oficial. Lo que hace más que probable que Dani Alves sea titular el sábado en Getafe y Messi esté en el banquillo hasta el minuto 58 (si ambos llegan a tiempo, claro), que es la pauta fijada el pasado curso.
Sólo desde una perspectiva de gestión empresarial puede dirigirse hoy un vestuario futbolístico, pues es lo que permite convertir el problema de tener una plantilla corta en la oportunidad de convertirla en un comando bien compenetrado.
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