Enterrado bajo el paupérrimo césped de Mónaco el fantasma de la indolencia de Ronaldinho, el Pep Team regresa al Kilómetro Cero con el mismo espíritu y ánimo que hace un año, cuando todo era incertidumbre y escepticismo (yo el primero), pero con cinco títulos en el zurrón. Analicemos, mediante seis parámetros, cómo se presenta el segundo curso de Guardiola, el más difícil por la eterna comparación con el exitoso año del triplete y por el temor a que los viejos mitos tópicos del fútbol engullan la dinámica feliz de este equipo.
Por estilo de juego nada ha cambiado. Combinación, toque, posesión y ataque. Juego de posición y certeza de que siempre llegará un tercer hombre. Todas las zonas del campo ocupadas, bandas bien abiertas, presión fuerte para recuperar el balón tras perderlo. Sólo queda que los tres nuevos se adapten a un estilo con el que sus compañeros juegan de memoria.
La actitud permanece inalterada. Esfuerzo máximo entrenando para obtener rendimiento supremo compitiendo. Compromiso absoluto con el fútbol, rechazo a las distracciones, búsqueda del éxito colectivo por encima del individual. Exigencia extrema del entrenador, consciente que este segundo año generará mayor sufrimiento que el anterior.
La eficacia continúa siendo manifiestamente mejorable. El equipo crea una montaña de ocasiones a partir de una posesión estrepitosa, pero sufre para concretarlas. No es un fenómeno de hoy, sino que viene de antiguo, de antes de Eto’o. Hay cierto ‘espíritu Arsenal’, como si se valorase más la elaboración que el gol. Aspecto a mejorar.
El fondo de armario es muy reducido. Una plantilla diseñada para 45 partidos deberá disputar unos 65. Otra espléndida hornada de canteranos está dispuesta a empuñar las armas ante el desafío, pero dos potentes fichajes más habrían tranquilizado a la parroquia.
Será una temporada de antídoto contra la máquina blaugrana. El Chelsea de Hiddink mostró la forma de hacer embarrancar la nave de Xavi; el Shakhtar confirmó que había aprendido la lección y serán muchos quienes sembrarán el campo de idénticas trampas. ¿Ha diseñado Pep ya las alternativas para burlar el antídoto?
El entorno está siendo más exigente que nunca. Hay elecciones y se huele sangre. El equipo debería quedar blindado al margen, pero hay gente que no se frenará si puede darle una patada a Laporta aunque sea en el culo de Pep.
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