Ya hemos comprobado de forma repetida que no hay equipo en el mundo capaz de destilar un fútbol más hermoso y plástico que el Barça. Ahora queda por saber si podrá transformar esta obra de arte en títulos tangibles. En otras palabras: falta por comprobar que esta prodigiosa máquina de fabricar sueños también puede superar el ‘fútbol duro’ de los grandes equipos europeos.
El fútbol actual se divide en dos categorías: el ‘fútbol suave’ que practican unos pocos (Barça, Arsenal, Villarreal) y el ‘fútbol duro’ del que son paradigmáticos los conjuntos cabeceros de la Premier. Es mayoritario el ‘fútbol duro’, aunque por duro no quiero decir violento, sino rocoso, férreo, metalúrgico, con tintes especulativos y especial vocación defensiva. Las características del fútbol duro le otorgan ventajas especiales cuando se enfrenta a un representante del ‘fútbol suave’, cuyas principales virtudes son la vocación ofensiva, la posesión y mimo del balón, el juego combinativo y la búsqueda de la perfección técnica. Si Barça y Arsenal representan lo mejor del ‘fútbol suave’, Liverpool y Chelsea son los adalides del ‘fútbol duro’ y en ese enfrentamiento jamás hay favoritos, pero sí la garantía de un choque estrepitoso de estilos.
Esa es la única asignatura pendiente que le queda al Pep Team. Todo lo demás ha sido superado: el vestuario regresó al mundo de los deportistas serios; el juego alcanzó las mejores cotas históricas; el estilo enamoró al mundo entero; los jugadores nunca fueron mejores que en este sacrifico de sus egos en beneficio del colectivo; y la afición pocas veces vio espectáculos tan deslumbrantes como el del domingo ante el Málaga. Ahora queda lo más difícil, pero también lo más excitante y hermoso: doblegar al ‘fútbol duro’ que acecha ahí afuera.
La mayor parte de las finales que restan hasta final de temporada son enfrentamientos contra representantes más o menos cualificados de ese fútbol de hierro. El principal escollo de pelear contra equipos del ‘fútbol duro’ es que su primer mandamiento busca impedir que el rival pueda aplicar su estilo de juego. Ahí está el meollo de esta batalla: Liverpool, Bayern, Madrid o Sevilla saben que su única opción pasa por desactivar la personalidad del Pep Team. Impedirle hacer lo que tan bien sabe hacer. Ahogar su estilo. En ese pulso concreto se dirimirán los títulos.
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