Es reveladora la resurrección del Villarato, ese complot universal contra el Madrid milagrosamente ungido en algún despacho mediático de la capital. Todo tiende a regresar.
La historia siempre se repite: primero se da en forma de drama, pero después regresa como farsa, decía Marx en su 18 Brumario. Y así estamos, de nuevo inmersos en la farsa de la gran confabulación. Es una tendencia humana irrefrenable: apostar por la conspiración cuando no se encuentra respuesta a las preguntas. En materia futbolística, a veces no hay respuesta racional: simplemente, las cosas ocurren.
Las buenas y las malas. En otros casos, la respuesta está ahí enfrente, pero quien se interroga no quiere verla, quizás porque no le resulta grata.
Ahora resucita el Villarato, de la mano de quienes ya la vocearon en su primera versión hace dos largos años. Eran tiempos duros para el Madrid: Florentino había dejado un erial y el Barça volvía de París coronado y feliz. Aún resonaba el aplauso del Bernabéu a Ronaldinho y el futuro blaugrana era un elogio permanente, mientras el blanco se teñía del rigor espartano de Capello más los incumplimientos de Calderón. Era buena época para que brotara la conspiración, bautizada con el sobrenombre de Villarato, feliz acepción que pronto encontró eco. Cualquier error arbitral fue agregado a la causa.
Hubo errores arbitrales contra el Madrid. Varios y, algunos, graves. También los hubo a favor, pero esos no contabilizaban. Con dos medias verdades, varias interpretaciones, algunos prejuicios y mucha intencionalidad se hormigonaron las vigas del entramado y, una vez bien envuelto, se lanzó a los cuatro vientos. Al instante, Mijatovic se puso al frente de la manifestación.
El Madrid no ganó esas dos Ligas consecutivas gracias a la denuncia del Villarato, sino porque fue mejor cuando debía serlo. La indolencia barcelonista le ayudó, pero los triunfos fueron mérito blanco. Y ahora resucita la conspiración, coincidiendo con los elogios universales al Pep Team y el titubeante juego blanco, contundente en las áreas, desaparecido en el resto. De los creadores de Villarato 1, se presenta Villarato 2. Y de nuevo con Mijatovic al frente de la manifestación, pisoteando el prestigio blanco. El drama de la primera versión se ha trocado en farsa como apuntara Marx, tan en boga estos días de cataclismo neoliberal.
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