La última vez que nos encontramos en este rincón, aquí, a la vuelta de la esquina, les sugerí que me diesen una razón, sólo una, por la que elevar mi ánimo de cara a la eliminatoria con el Manchester United.
Intuí que me hablaban de Messi. Y pedí más. Mucho más. Y, de pronto, salió el equipo al campo y, aunque no ganó, jugó como un equipo, vivió como un equipo, dio la sensación de equipo. ¿Suficiente?, no sé. ¿Tarde?, seguro. Para mí, demasiado tarde.
Luego, como ha ocurrido a lo largo de los últimos dos años, volví a tener la sensación de que nos tomaban el pelo. Todos.
Es más, cuando el sábado me senté frente al televisor y pagué el peaje de rigor, tuve la impresión, lamentablemente cierta, de que los que habían propuesto la huelga habían sido los millonarios del Barça y no los arruinados del Levante.
Sé que dentro de 48 horas –¡qué ingenuo es usted, madre mía!, pensarán muchos de ustedes–, Laporta, Ingla, Txiki y Rijkaard se sentarán ante nosotros y nos darán todo tipo de explicaciones. Y, cuando lo hagan, no sabrán explicar, no ya lo que ha ocurrido a lo largo de estos dos años, sino ni siquiera lo que sucedió el sábado en La Coruña.
Que fue, digámoslo ya, una vergüenza. Una vergüenza que no se puede permitir el Barça. Pero, sobre todo, que no se puede permitir Rijkaard ni la plantilla azulgrana. Al fin y al cabo, Laporta, Ingla y Txiki están agarrados a la brocha de la Champions. Y esperan. Pero ellos, el técnico y los jugadores han de dar la cara y no pueden hacer el ridículo que hicieron ante los gallegos.
Sé que todo el mundo lo justifica todo al pensar en la Champions, en Manchester, en Old Trafford, en el ‘Teatro de los sueños’, en Moscú. Pero ¿qué tiene que ver eso con tirar el partido de Riazor? Y lo tiraron jugadores que ganan, el que menos, más de 150 millones de pesetas por temporada. Y lo tiraron tipos que deberían de salir allí a comerse la hierba. Y lo tiraron jugadores que quieren ser alguien en esto del fútbol. Y lo tiraron profesionales que visten la camiseta del Barça y lucen su escudo. Jugadores que mañana ganarán en Old Trafford, sí, ¿y qué?
¿Saben qué es lo bueno de todo esto? Que ya queda menos para el juicio final. Sólo espero que la solución a toda esta vergüenza no estuviese en el ordenador personal del presidente.
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