Pato tuvo en Leonardo a su descubridor y mentor, quien también llevó al Milan otra perla, el ahora número uno Kaká
Sonríe el Inter, lanzado a revalidar sin, se supone, oposición, y recupera la alegría el Milan, su ‘querido’ enemigo... Y eso a los hinchas y dirigentes nerazurros les preocupa. Les aburren ya las genialidades de Kaká pero, por encima de ello, ayer no podían borrar de la retina los dos goles marcados por el ‘ingrato’ Ronaldo y, sobre todo, la apabullante aparición de un jovencito de nombre curioso, Pato, que amenaza con convertirse en el crack del futuro. Con apenas 18 años y un partido a sus espaldas en San Siro, Milán tiene a un nuevo ídolo.
Alexandre Pato es el último descubrimiento de Leonardo de Araujo pero, por encima de ello, es el último diamante de Silvio Berlusconi, quien el mismo día que supo de un jovencísimo que empezaba a despuntar en el Internacional de Porto Alegre por boca de su consejero deportivo se puso manos a la obra.
¿Que el enamoramiento le ha costado más de veinte millones de euros al Milan? Sí, pero pocos son los que se atreven a poner en duda el acierto del club rossonero y absolutamente nadie en Italia se ha atrevido a reirse de ello. Y es que la personalidad de Berlusconi podrá o no gustar pero su gusto por el fútbol y su alto porcentaje, altísimo, de aciertos en fichajes son la mejor carta de presentación de Pato en Italia. Muy pocos sabían de él en agosto. Hoy ya es uno más entre los ídolos rossoneros.
“Soy feliz, marqué un gol, ganamos jugando bien y estuve junto a Kaká y Ronaldo. ¿Qué más puedo pedir?”, exclamó el joven futbolista, poco habituado al pressing de los medios en el Calcio pero ofreciendo una imagen de seguridad en si mismo que ya querrían muchos para si.
Descubierto por Leonardo, apadrinado por Berlusconi y avalado desde el primer día que le entrenó por Ancelotti (“he visto a muy pocos futbolistas con esa capacidad y talento”), la bienvenida que le dispensó el vestuario rossonero en pleno viene a confirmar lo que de él se esperaba.
Uno de esos futbolistas tocado por la varita de la magia y que dicen será el crack que lidere a la selección brasileña en el Mundial que se dispute allí en 2014. Este es Alexandre Rodríguez da Silva, nacido en Pato Grande -de ahí su apodo- hace escasamente 18 años y a quien su padre (hincha acérrimo del Gremio) ya le ha perdonado el ‘pecado’ de jugar en el Internacional, un club que le pulió a las mil maravillas hasta que explotó en Japón en diciembre de 2006. Por fortuna para Il Cavaliere Berlusconi el Barça no adivinó ni su talento ni sus posibilidades.
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Dicen quienes bien le conocen que Alexandre Pato aprendió a caminar a la vez que a golpear un balón, su fiel compañero de juegos desde siempre. A los cinco años ya maravillaba y a los siete, en fútbol sala, su juego era espectacular. Y, como en el caso de Kaká, tiene su parte humana. A los diez años una fractura en el brazo descubrió un tumor óseo en el hombro que amenazaba con convertirse en cáncer. Una operación a tiempo lo impidió.
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