Año y medio completo sin disfrutar de las viejas delicias futbolísticas provoca estos justificados ríos de euforia. Las enormes dudas de un arranque liguero rutinario y funcionarial se han despejado a golpe de presión y velocidad, pero que la euforia no ciegue todos los ojos. El gran Barça está volviendo e incluso por momentos (esa excelsa primera media hora ante el Zaragoza) alcanza su más rotunda expresión, pero todavía persisten algunos interrogantes en el horizonte, el principal de los cuales es ¿dónde encaja ahora Ronaldinho?
Porque la ausencia de Ronaldinho ha quebrado la inercia negativa del equipo y tenido algunas consecuencias tácticas trascendentales: la primera, la implantación del 4-4-2, con Iniesta volcado en banda izquierda, que acaba con la perpetua inferioridad numérica de los centrocampistas del Barça; la segunda, la cobertura correcta de la banda izquierda desde muy arriba, cerrando la autopista rival que se crea al alinear al brasileño; la tercera, el posicionamiento de todo el equipo quince metros más arriba, prácticamente en la boca del área rival; la cuarta, que esa posición permite presionar a delanteros y centrocampistas y, por tanto recuperar el balón, siempre en campo contrario; la quinta, que Deco ve aumentada el campo de influencia sobre el que desenvolverse; y la sexta, que la velocidad del balón se incrementa de forma exponencial, con menores retenciones y conducción y máxima rapidez de traslación.
Con Iniesta, ahora el Barça juega con once en ataque y en defensa, lo hace de cara a la portería rival y no de espaldas, sin retener el balón y pudiendo desbordar en el uno contra uno. Recupera la vieja gran ecuación: presión colectiva + velocidad del balón. Con este planteamiento y con tantos jugadores en buena forma (Messi, Iniesta, un Deco prodigiosamente recuperado gracias a su orgullo, algo que creí inviable), ¿dónde encaja Ronaldinho?
A simple vista, sólo en el banquillo. Y en el corto plazo ese debe ser su destino si Rijkaard se atreve a mantener protegida una maquinaria que funciona. Pero a medio plazo debería encajar sin problemas. Su talento es tan elevado que no merece la pena debatirlo. Para ello no sólo debe recuperar la forma física, y sobre todo la anímica, sino muy especialmente reconvertir su modo de jugar. El Ronaldinho que dormita en banda izquierda, abriendo la puerta al lateral rival; el que recibe sistemáticamente de espaldas y ralentiza el juego de forma exasperante; el egoísta que no lucha, ni corre ni presiona, el que sólo toquetea; ese Ronaldinho no tiene sitio en este engranaje. A él le tocará decidir qué quiere ser de mayor.
No abusen de los músculos de Messi
Messi es un prodigio en todos los niveles, salvo en uno: posee un exceso de tensión muscular en las piernas que acelera la fatiga y le impide realizar esfuerzos competitivos muy continuados. El tratamiento hormonal recibido ayudó a que sus huesos crecieran, pero también provocó un desequilibrio entre sus paquetes musculares y los propios huesos de las piernas. Esos músculos están en permanente tensión: positivo para esprintar, negativo para recuperarse. Explosivo y veloz cuando sólo disputa un partido semanal, en las segundas partes baja su rendimiento. Es un problema de fatiga muscular y falta de elasticidad. Tras cada partido, sus cuádriceps e isquiotibiales sufren agotamiento profundo y acortamiento por tensión, lo que aconseja prudencia y no abusar de él.
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