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21/11/2009

LA ENTREVISTA DEL FIN DE SEMANA

Estiarte: "El vestuario del Barça me recuerda al que yo viví, me emociona"

Mucha gente se sorprendió cuando el FC Barcelona fichó a Manel Estiarte. El mejor jugador de la historia del waterpolo se metió de lleno en los vericuetos del Camp Nou. Su destino fue un cargo de nueva creación y de difícil definición al que le ha dado sentido con el paso de los meses

Manel Estiarte Foto: V. ENRICH

Manel Estiarte Foto: V. ENRICH

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A. Masnou/ C. Galindo

De la piscina, a los despachos más exclusivos del FC Barcelona. ¿Da vértigo el salto?

La palabra ‘despacho’ asusta. Prefiero del waterpolo, a la hierba; del vestuario de la piscina, al del fútbol; de la relación con Jané y otros entrenadores, a Pep Guardiola... Me siento un deportista y donde más disfruto es en el campo.

Empecemos por el agua. Ganó un oro olímpico en Atlanta, perdió otro en Barcelona, fue elegido siete veces Mejor Jugador del Mundo de Waterpolo, se colgó del cuello un oro en el Mundial de Perth’98… ¿Qué título falta en su palmarés?

(Se ríe). Me acuerdo de todas esas competiciones. En los siete años que fui proclamado Mejor Jugador del Mundo no ganamos nada. La individualidad sin recompensa sirve de poco. Lo que sí tiene peso es ser el mejor equipo del mundo. Durante un década, disputamos seis o siete finales. Fue más fuerte ser el mejor equipo del mundo que el jugador más destacado.

¿Le ha hecho esa reflexión a Messi?

No se la puedo hacer aún porque es un pensamiento que ni siquiera tenía yo con 30 o 32 años. Leo tiene que recorrer su propio camino. Con 21 años, necesita el fútbol, la pelota, los goles, ganar, sentirse bien…. No le pidamos más. No puede reflexionar como una persona de 48 años. Fallaría si tratase de explicarle lo que tiene que hacer.

No le puede explicar cómo debe vivir, ¿no?

Me limito a contarle lo que viví como deportista, como lloré al perder la final olímpica, como me sentí en determinadas situaciones, qué pasó en el vestuario, porque era individualista y egoísta... Es más útil transmitirle mis experiencias, que le sirvan de ejemplo. Sería presuntuoso por mi parte si le dijera “Leo, por aquí vas bien…”.

Sus cifras son mareantes: internacional con la selección de waterpolo en 580 ocasiones en la que consiguió 1.561 goles de los que 127 fueron en los Juegos; máximo goleador en tres olimpiadas: Moscú’80 Los Angeles’84 y Barcelona’92. ¡Uuff…!

Y todas confluyen en un mismo punto: la pasión que sentí por este deporte, que no por el agua. Fui bueno, las cosas me salieron fácil (chasquea los dedos) e hice cosas que otros no pudieron… Pero que nadie me saque lo mucho que me sacrifiqué.. Hubo dos factores que incidieron: una, empezar tan joven y acabar casi a los 40. Y una segunda, cuando por razón de la edad empecé a tener algunas dudas y hasta me planteé la posibilidad de dar el salto y convertirme en entrenador –me remito al año 1992– es cuando surgió aquel histórico equipazo. Enseguida intuí que aquel grupo de jóvenes llegaría muy lejos. Mi idea era acabar en 1996 pero, por el éxito, lo alargué ocho años más.

¿Su relación con el agua es extraña?

Era mi ambiente natural y lo dominaba, pero no olvido que cuando era pequeño y me enseñaron a nadar, lloraba un montón. Nunca me verá beber agua. No me gusta, la odio. Además, me da miedo el mar; quizá me traumatizó la película ‘Tiburón’. Yo debía tener 10 años. Le juro que en la cama dormía con las piernas encogidas. Nunca me verá bañarme en el mar.

Y eso que pasó media vida ahí dentro...

Desde los cinco años nadé cuatro horas diarias y cuando llegué a la selección, ocho. Estaba hasta las narices del agua. Para mí, no es un elemento de diversión. Ahora bien, sería un ingrato si no le diera las gracias por lo mucho que me ha dado: mi esposa, mis hijas, Pescara, la felicidad, un nombre y ese nombre me condujo hasta Pep (Guardiola) y también al Barça.

Con 18 años debutó en unos Juegos. Si mira hacia atrás, ¿qué ve?

El waterpolo es una imagen que se diluye con el paso del tiempo. Por supuesto que me quedan los recuerdos. Veo a mis hijas, que han crecido, a mi esposa, a mi padre, que ya no está entre nosotros y a mi madre que está muy enferma, a gente que nos ha abandonado, como mi hermana… Me veo abrazándome a mis compañeros tras conseguir el título olímpico. Muchas veces, antes de dormirme, me apetece recuperar esas imágenes. Nunca he entendido la frase ‘no se puede vivir de recuerdos’. Es un privilegio rememorar aquellos días.

¿Y lo de ‘El Maradona del agua’?

Los dos nacimos en el mismo mes –con cuatro días de diferencia- , ambos jugamos en Barcelona; los dos marchamos el mismo verano a Italia –agosto de 1984-; los dos ganamos el ‘scudetto’ el mismo año, el 87; los dos logramos la primera competición europea el mismo año; ambos tenemos dos hijas… Es evidente que hay coincidencias y reconozco que admiré a Maradona por lo que hizo con una pelota en los pies. Por lo demás, no sabía cómo era, ni cómo pensaba… Cuando descubres algunas cosas dices, hay, madre mía… La cuestión que me planteo es ¿y Messi?

Usted dirá...

Tengo devoción por ese muchacho. A pesar de sus limitaciones, le admiro profundamente. Me gusta como es y cómo se comporta. Es un joven que se mosquea cuando las cosas no le salen bien en el campo, y que a lo mejor deja de hablar durante tres días por esa circunstancia. Le veo tan sano y parecido a lo que yo era que me emociona. Y como Leo, hay otra serie de jugadores que me tienen robado el corazón.

En julio de 2008 entró a formar parte del Barça como responsable de relaciones externas. ¿Qué significado tiene ese club en su vida?

Al llegar, me encontré a un Pep muy convencido de lo que quería y cierta incertidumbre institucional. Me sorprendió mucho que Laporta siempre lo tuviera tan claro. Si algo transmitía era convicción. El secreto de este éxito viene de la actitud que han mantenido esos dos líderes, uno en el plano institucional y el otro, en el deportivo.

EL LIBRO

En marzo 2009 publicó un libro titulado ‘Todos mis hermanos’ con un prólogo escrito por Guardiola y un epílogo de Samaranch. ¿Se pueden tener mejores padrinos?

(Vuelve a reír). Pep encajaba por sus valores deportivos, humanos y de amistad y a Samaranch siempre lo he considerado mi ‘padre’ deportivo. Me hizo sufrir menos y me entregó el texto el día acordado, mientras que Pep... Lo escribió en catalán cuando el libro se publicó en castellano, pero Pep me puso dos condiciones: una, que fuera editado tal y como me lo pasó, es decir, sin tocar ni una coma y una segunda, que se respetara el catalán. Si usted se fija, es el único texto del libro que, en efecto, está escrito en catalán.

En el libro rememora la muerte de su padre ocurrida el año pasado y la demencia senil de su madre. ¿Escribir fue para usted una liberación?

Más por lo que se refiere a Rosa –su hermana, que se suicidó- que por mis padres. Este libro les hubiera encantado pero si mi padre viviera y mi madre se encontrase bien, no habría escrito nunca el capítulo dedicado a Rosa. Y este libro, sin ese apartado, no hubiera sido el reflejo de mi vida ni tampoco el homenaje a mi hermana. Mucha gente ha vuelto a revivirla; eso es lo que a mí me ha llenado. Mi madre lo hubiera leído cada noche. Pero mi padre, cada vez que se hablaba de ella, bajaba la cabeza y huía. No era natural que unos padres enterrasen a su hija. El día que cayó en manos de Pep, le salió una vena protectora; se comportó como si esa tragedia hubiera pasado ayer.

Admite que dentro del agua era un animal y un ser egoísta. ¿Aún lo es?

Muchos compañeros me han preguntado: “¿Necesitabas flagelarte tanto?”. En una etapa de mi carrera profesional, cuando tenía 20 o 21 años, me repetía a mí mismo: ‘tengo que meter muchos goles”. Y cuando no lo conseguía, me enfadaba muchísimo. Era capaz de ganar un partido y si no metía un tanto, me enojaba con un compañero, o con la familia, o podía estar dos o tres días sin hablar con el técnico de turno. Era yo, yo y yo… Ahora sé que no era correcto.

Se dio cuenta de sus error...

Con eso no quiero decir que fuera mala persona, porque siempre he sido buen compañero, una persona alegre… Pero es verdad que tenía mis momentos de egoísmo. Decían que se trataba de mi propia fuerza y de la ambición. Es posible que así fuera, pero la satisfacción que tuve los últimos años con la selección, cuando ya era maduro y jugaba para el equipo, más en defensa y no pensaba tanto en el gol, en ese momento, digo, me sentía parte del conjunto.

¿Usted habla de esos errores para que las futuras generaciones no los repitan?

Estos errores forman parte de la naturaleza humana. Lo que quiero decir a todos mis compañeros es lo siguiente: perdón porque a veces he sido egoísta. Es posible que haya anotado muchos goles decisivos para esos equipos, pero tal vez hubiera sido mejor para ellos otro tipo de actitud. Al reconocer ese hecho, soy consciente de que he tenido la suerte de darme cuenta y he podido evolucionar como persona. Ha habido un proceso de cambio. Hay otros muchos que empiezan y acaban de la misma forma. Yo me di cuenta… Ahora sé que fui mejor cuando gané para otros. Eso tiene más valor.

Con Guardiola son 20 años de amistad. ¿Cómo se traslada esa relación tan estrecha al ámbito profesional?

A ver, quiero dejar bien claro que lo que voy a decir a continuación es a título personal. Es mi voz la que habla y no otra: somos amigos y es posible que algún día discutamos. ¿Y qué? Hay muchas cosas que no vemos igual. Esa posible diferencia de criterios no afecta a nuestra amistad. Mi relación con él va más allá del día a día.

¿Qué es Pep en su vida?

Al margen de su propio éxito personal, tiene una institución increíble a sus espaldas, dirige a un equipo magnífico, dispone de un staff técnico con una motivación y una pasión difíciles de encontrar… Y está, por supuesto, Pep que lee el fútbol como nadie y que tiene una profesionalidad que le lleva a trabajar cada día con alegría y satisfacción. De él me sorprenden dos cosas: una, la capacidad que tiene para decir en cuestión de segundos “por aquí”. Eso es así gracias a su enorme intuición y a que sabe escuchar a su corazón.

Y una segunda...

La capacidad que tiene para llevar todo ese peso a su espalda con serenidad. Me refiero a los jugadores, la presión, todo lo que implica el club, el staff, la prensa, las llamadas de gente que se mueven alrededor del fútbol, los compromisos... Tenía claro que le dedicaría horas al club y que sabe mucho de fútbol, pero su serenidad… No deja de sorprenderme su aplomo. Es una máquina.

Esto también exige mucho...

Si no lo haces así, sería imposible. Hay días que tiene bajones producto de la tensión deportiva.

¿Cuánto tiempo aguantará?

Depende de su pasión. El día que venga y no sea feliz con su trabajo o el día que no sienta suya al equipo, se lo planteará. No las dos condiciones sino sólo una de las dos. Insisto, hablo en boca mía, no con la suya. Quizá me equivoco. Les contaré una cosa. ¿Sabe cuando es más feliz?

Diga...

Cuando ve a los jugadores contentos. Entonces es cuando se siente más feliz. Y no tras una victoria. A veces, tras un entrenamiento, me dice. “¿Has visto, Manel, qué bien han entrenado?” Entonces es plenamente feliz. Si tiene eso, creo, que hay técnico para rato. Necesita sentirse bien.

¿Cómo es su trato con la plantilla?

Lo hacen fácil y no conmigo sino con los médicos, los fisios, recogepelotas... No se puede invadir un vestuario. Estoy en mi sitio y ese es su mundo. He mamado vestuario y sé lo que hay. Estoy a su lado por si me necesitan.

¿Cómo es el vestuario por dentro?

Como cualquier otro. Lo que cambia es el entorno. Es distinto el diseño de las duchas, las taquillas pero tienen un armario, se cambian, uno se cabrea tras el partido, otro está tranquilo, los hay nerviosos, y alguno que no para de llamar por teléfono... La cuestión es cuando los sacas del vestuario y hay 40 periodistas, 150 aficionados fuera de la Ciutat Esportiva... Es el Barça.

“La Ciutat Esportiva ha sido un éxito”

La llegada de Guardiola ha supuesto una cambio sustancial en la manera de trabajar del equipo azulgrana. Estiarte recuerda que “yo no estaba antes pero uno de sus mejores aciertos ha sido venir a la Ciutat Esportiva. Un día de octubre hubo un par de sustos. Me dijo: “Debes hacer un encargo importante. Di a la directiva que necesito/quiero/exijo ir a la Ciutat Esportiva. Sé que no estará bien al inicio, que quizás no haya agua caliente pero me da igual.” El club respondió con rapidez a un entrenador que era nuevo.

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