El Camp Nou asusta a un Madrid que necesita arrancar un buen resultado para no desatar una nueva crisis deportiva
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En el Real Madrid saben que el partido del 29-N en el Camp Nou ante el Barcelona se juegan la credibilidad de un proyecto creado a golpe de talonario. Un proyecto dirigido a pelear por el triplete, que se ha quedado en doblete sólo tres meses después del inicio. Las dudas amenazan a un equipo que vive en una complicada crisis de identidad. Pellegrini no ha dotado de sello al juego de una plantilla galáctica. Los castigos y las rotaciones han adornado un trayecto confuso que sólo ha recolectado pitos desde la grada. La desconfianza es tal que se cuestiona la continuidad del chileno, que tiene el ultimátum de no satisfacer el paladar madridista en el encuentro ante el FC Barcelona.
El pánico a un nuevo ridículo ante su máximo rival ha hecho que todo se precipite. El objetivo es llegar con garantías a ese encuentro. Valdano ha vuelto a recordar a Pellegrini que se deje de experimentos, de rotaciones y que prepare un once de garantías para ese partido y sea el referente para toda la temporada. Los esfuerzos por recuperar a Cristiano Ronaldo están dirigidos al 29-N. El perdón a Guti, también. Elevar el ánimo de la tropa es el principal objetivo en el que se emplea el cuerpo técnico blanco. Y para lograrlo miran los encuentros ante el Racing de Santander de Liga, y del Zúrich, de Champions, como dos pruebas cruciales para engrasar la maquinaria y hacer frente a ese temido 29-N.
La crisis blanca sería demoledora de perder en el Camp Nou y si se ofrece la misma imagen que han dado hasta ahora. Una imagen que provoca ya listas negras, ultimátums y enfrentamientos difíciles de justificar. El primer objetivo es recuperar a Cristiano Ronaldo, a sabiendas que el portugués no llegará al cien por cien al partido frente a los de Guardiola. Sin embargo, saben que la presencia del luso será un arma psicológica que puede reforzar anímicamente al equipo. De ahí el mimo y la firmeza con el que están tratando el asunto.
El otro factor apunta directamente al chileno. Se cuestionan sus ideales. Ese empeño en encajar las piezas a su tablero sin probar lo contrario. La ausencia de fútbol molesta y sólo le libran los resultados. Tras diez jornadas de Liga, este Madrid presenta los mejores números de su historia. Los 25 puntos que ha sumado sólo los habían alcanzado a estas alturas del campeonato en la temporada 2007-08. Precisamente ese año terminó conquistando el trigésimo primer título de su historia. Estos son los datos que le mantienen en el puesto, porque si no Pellegrini sería pasado después del batacazo en la Copa ante el Alcorcón y en Champions en el Bernabéu frente al Milan.
La luz de alarma está encendida en Chamartín, desde donde han salido consignas que Pellegrini debe seguir. Suena duro pero esa fecha de caducidad le obliga a seguir esas directrices. Es el sentido de supervivencia, porque el chileno sabe que si salva el match-ball de Barcelona recuperará el mando sobre su ejercito gracias a esa flexibilidad que ahora tiene.
Los primeros síntomas a su obediencia es que el Madrid empieza a tener un once definido, algo que no se podía decir en los ocho partidos disputados antes del 4-0 en Alcorcón. Pellegrini había mareado tanto la perdiz que desorientaba a sus galácticos. Galácticos que dicen apoyarle, pero a los que molesta ciertas manías como esas concentraciones que consideran inútiles cuando juegan en casa. Pero en eso el club le ha dado vía libre y Pellegrini impone su disciplina sin pestañear. Y si no, que se lo pregunten a Guti y a Raúl.
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