Después de las turbulentas historias de los últimos años la FIA elige hoy un nuevo presidente entre el francés Jean Todt y el finlandés Ari Vatanen que pondrá punto final a 16 largos años de mandato del británico Max Mosley, un abogado de 63 años, íntimo amigo de Bernie Ecclestone, que se ha visto obligado a no presentarse a la reelección para frenar la creación de un Mundial de F1 alternativo.
Max Mosley deja un importante legado en materia de seguridad, tanto en lo que hace referencia a la competición como en la carretera, pero también deja atrás sonados escándalos como la orgía con tintes nazis que a la postre le ha costado el puesto. Para sucederle hay dos candidatos, uno de carácter continuista, arropado por el propio presidente y por el aparato de la FIA (Jean Todt) y otro que ofrece aire nuevo y fresco, un sentido rupturista (Ari Vatanen).
Todt cuenta con el apoyo de los dos hombres más influyentes del automovilismo actual, el saliente Mosley, que ha demostrado en varias ocasiones su peso en la organización, y el gestor de los derechos de la F1, Bernie Ecclestone. Con esos dos nombres ganados a su causa, al pequeño Napoleón no le ha quedado más remedio que presentarse como el candidato de la continuidad al frente de una FIA que en los últimos años ha vivido acontecimientos convulsos.
Fino estratega político, Vatanen ha sabido colocarse como el hombre de la renovación y ha obligado a Todt a asumir la no siempre bien percibida herencia de Mosley. Esa es la principal carta que juega el nórdico, que no tira la toalla pese a que sabe que no parte como favorito. Para marcar su territorio, Vatanen presentó una denuncia contra la FIA al considerar que el apoyo declarado de Mosley a Todt no garantizaba unas elecciones limpias y neutrales. Una reunión con el saliente presidente de la FIA sirvió para que el finés retirara la demanda, no sin que ésta le sirviera de golpe publicitario frente a su rival.
Desde la posición de la renovación, Vatanen ha recorrido miles de kilómetros en los últimos meses, visitando todos los circuitos y competiciones con la intención de convencer a las pequeñas federaciones, su objetivo para contrapesar a su rival, apoyado por los grandes nombres.
A su mensaje de cambio, de mayor transparencia y democracia y de un mejor reparto de los beneficios de las competiciones con los equipos, Todt ha contrarrestado con apoyos de la talla del séptuple campeón del mundo Michael Schumacher, que tuvo a su cargo en Ferrari y que se ha decantado claramente a su favor. Al francés no le ha quedado otra solución que insistir en las políticas en las que venía trabajando Max Mosley, como la reducción de costes en la Fórmula 1. Todt es el favorito, pero Vatanen quiere dar la sorpresa. Hoy finalmente habrá una solución.
Los 132 países que componen el Consejo Mundial de Movilidad y todos los miembros del Consejo Mundial del Deporte conforman la Asamblea General de la FIA, que hoy se reunirán en la sede de la organización junto a la parisiense plaza de la Concordia para elegir al sustituto de Max Mosley tras 16 años de controvertido reinado del británico en el automovilismo. Tras escuchar durante 15 minutos a cada candidato, votarán en una urna en un proceso que será vigilado por un notario de la Corte francesa. Para ganar en la primera votación se necesita hacerlo por mayoría absoluta y, en caso contrario, habrá una segunda vuelta.
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