El mejor futbolista del mundo estuvo en la madrugada del domingo a escasos segundos de llevarse la peor noticia, futbolística, claro está, que un crack puede tener: no acudir a un Campeonato del Mundo. Afortunadamente, los dioses del fútbol se apiadaron de él y le rescataron in extremis para que el miércoles pueda ganarse la clasificación para Sudáfrica y allí, quién sabe, poder convertirse en campeón del mundo, el único gran título que le falta... dando por supuesto que a finales de este año conseguirá el Balón de Oro.
De todos modos, mucho tendrá que cambiar Argentina para que Messi pueda levantar la Copa del Mundo. Mucho me temo que sólo con Leo no le alcanza para medirse con Brasil o España. Messi es un oasis en medio de un desierto futbolístico, que empieza por las limitaciones de un seleccionador que es ídolo, icono, dios y todo lo que ustedes quieran, pero no es fiable como técnico, y acaba en unos jugadores mal escogidos por este entrenador. Palermo salvó de milagro a Maradona y Argentina entera, de acuerdo, pero hace ya mucho tiempo que a Palermo se le pasó el arroz. Y lo mismo vale para jugadores tipo Heinze, Aimar o Verón.
En estas condiciones, que a nadie le extrañe que haya dos Messis, el del Barça y el de Argentina. Es cuestión de compañías, de buenas y malas compañías. No es lo mismo asociarse con Xavi, Iniesta e Ibrahimovich que con Aimar y Verón. Como no es lo mismo lucirse en los espacios que crea el fútbol imaginativo y rápido del equipo blaugrana que estrellarse contra el juego previsible y lento de la selección albiceleste. Ha llegado un momento en el que los grandes equipos son mejores que las grandes selecciones, no en vano, con dinero, pueden fichar a los mejores de todo el mundo. Y si Messi sufre con Argentina, Cristiano Ronaldo lo pasa mal con Portugal, Ibrahimovic se quedará fuera del Mundial con Suecia y los franceses ya no arrasan allí por donde pasan, más bien al contrario.
Está claro que las mejores compañías para Messi están en el Barça. Hoy por hoy, no hay nadie en el mundo que dirija a un equipo y vea el pase mejor que Xavi. Y por si no fuera suficiente, este año le han puesto a un compañero en el centro del ataque que ve el fútbol igual que él; un delantero centro con mentalidad de juego de equipo y talante generoso que le dará goles y marcará los que él le dé. Y ahí está también Iniesta, su doble en cuanto a desequilibrio en el uno contra uno. ¡Qué fácil es jugar en el Barça! ¿eh, Leo?
Y hablando de buenas y malas compañías. Dice Txiki en la entrevista que ayer publicamos, que sin Ronaldino y Deco, Messi ha encontrado su espacio en el equipo. Tiene razón. Y no sólo en los futbolístico. En aquel vestuario, el último año Leo sólo aprendía cosas malas.
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