MADRID Y VALENCIA, DOS PASOS ATRAS.- Barcelona alcanzó su máximo esplendor deportivo con motivo de los Juegos del 1992. Aquello fue como conquistar el Everest, ahí es nada, organizar la mejor Olimpiada de la historia, convertirse por unos días en la capital deportiva del mundo. Después de un subidón tan espectacular, es lógico hasta cierto punto que se caiga en una etapa de transición donde se vive de los recuerdos, entre otras cosas porque se vuelve a presupuestos ordinarios que no permiten más milagros. Paralelamente, otras ciudades que habían estado dormidas se fijan en el espejo olímpico de Barcelona y enfocan su estrategia de futuro apostando fuerte por el deporte. Fue el caso de Valencia y Madrid por distintas razones. La capital valenciana a golpe de talonario entró en una dinámica de proyección mundial en la que no reparó en gastos, desde la Copa América a la Fórmula 1 en un circuito urbano. Madrid, en su carrera olímpica, también se apuntó a la moda de organizar grandes eventos deportivos lo que explica que Barcelona durante un tiempo perdiera protagonismo.
BARCELONA RECUPERA EL PROTAGONISMO.- De repente, las cosas han cambiado y de qué manera. Valencia se encuentra peligrosamente atrapada en la trama de corrupción Gürtel y sus dirigentes solo están preocupados en salvar su cargo. Han perdido la Copa América, peligra la F-1 y nuevas iniciativas no salen por problemas de financiación ya que su endeudamiento es de juzgado de guardia. Madrid sufre el mismo problema una vez denegada la condición de ciudad olímpica. Prueba de ello es que hace una semana querían organizar la final de la Copa Davis y tras la derrota de Copenhague ni se han presentado. Barcelona, que ha seguido su camino sin perder el norte, volverá a recuperar el protagonismo de siempre. El sábado será designada como escenario de la final de la Copa Davis que España disputará la primera semana de diciembre a Checoslovaquia. Y el próximo año, se celebrará en el Estadio de Montjuïc el Campeonato de Europa de Atletismo, un evento de primera línea.
UNA NEGOCIACION BIEN LLEVADA.- El sábado será oficial, pero gracias a una negociación bien llevada en la sombra, ya lo podemos dar por hecho. Nueve años después, el Palau Sant Jordi será otra vez el marco de la final de la Copa Davis. Es el escenario preferido por los jugadores –Verdasco aparte-, se trata de una instalación modélica con una capacidad para 18.000 espectadores y por si fuera poco, el éxito de público está asegurado ya que en Catalunya es donde hay más licencias. El presidente de la Catalana, Francesc Orriols, ha demostrado una capacidad de gestión importante en la elaboración del proyecto, el Ayuntamiento de Barcelona a través de Pere Alcober se ha sumado a la iniciativa con el apoyo institucional necesario, juntos están haciendo méritos para que España conquiste la cuarta ensaladera. Tras la funesta etapa de Pedro Muñoz –el que enviaba sms insultantes a los jugadores- las aguas del tenis español vuelven a estar limpias. Barcelona volverá a vibrar con el tenis en un evento de impacto mundial.
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