Cualquier entrenador merece un margen de confianza y más si se trata de alguien con poco tiempo en la élite como Pep Guardiola, pero hay detalles que pueden llegar a provocar la desconfianza de la afición con demasiada prontitud.
El aficionado culé, harto del mal juego del equipo en las dos últimas temporadas, ha tenido pocos motivos para ilusionarse y uno de ellos fue la aparición de Bojan. Este jovencísimo jugador consiguió que el Camp Nou soñase con un futuro mejor.
Guardiola ha prescindido de Bojan de manera incomprensible. Yo acepto y hasta aplaudo que apueste por otros futbolistas de la cantera a los que conoce a la perfección, como Pedrito, que apunta maneras, o Busquets, pero la suplencia de la perla blaugrana comienza a poner nervioso a más de uno en la grada e, incluso, en la propia directiva blaugrana.
El otro día, en el programa ‘Punto Pelota’ que se emite cada noche en Intereconomía Televisión, mi compañero Tomás Roncero comentó que el padre de Bojan mantuvo algunos contactos con Pedja Mijatovic, el director deportivo del Real Madrid, a quien le encanta el jugador culé. Sinceramente, esa aproximación a la Casa Blanca, aunque se debiese a un encuentro casual, debería hacer reflexionar a más
de uno.
Las emociones están por encima de las tácticas en este apasionante deporte llamado fútbol. Hay que exigir que Guardiola trabaje con absoluta libertad, pero también que se mueva con un mínimo de sensibilidad.
Nadie puede dar lecciones de barcelonismo a Pep Guardiola y él, más que nadie, sabe que cualquier afición está necesitada
de ídolos.
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