15 de abril, víspera de la final de Copa del Rey que el Valencia acabó ganando al Getafe (3-1). El entonces vicepresidente valencianista, Rafael Salom, tiene concretada una cita en un conocido restaurante de Madrid con Miguel Angel Portugal, secretario técnico del Real Madrid. Fue una cena productiva porque se sentaron las bases de la venta de David Villa al club madridista, que finalmente no se ejecutó.
La víspera de la final de Copa fue muy productiva para el dirigente che. Salom llegó al restaurante donde había quedado con Portugal tras entrevistarse y cerrar el fichaje de Marcelino como futuro entrenador, otra operación que aunque acabó firmándose no sirvió de nada.
Pero volvamos al caso Villa. Salom pactó con el técnico blanco las condiciones del futuro traspaso. El Madrid se comprometía a pagar 35 millones de euros por el que acabó siendo pichichi de la Eurocopa o bien pagaba 30 millones y en la operación se incluía Granero, un futbolista que en aquellos momentos interesaba a los técnicos del Valencia. La operación era redonda para todas las partes. El Valencia, por un lado, ingresaba una cantidad importante que ahora necesita para acabar el proyecto del nuevo campo; y el Valencia ataba a un goleador por una cifra nada fuera de mercado.
Pero ni el Madrid dio el paso decisivo en las siguientes semanas y en Valencia ya conocen ustedes la ‘movida’ que existe desde que Juan Soler manda desde la sombra... El caos.
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