Ana Carrascosa, la chica que cambió la danza clásica por el tatami, se consagró el pasado fin de semana en el Europeo de Lisboa
Baratito le ha salido al Consejo Superior de Deportes la formación de Ana Carrascosa, la valenciana de 27 años que la semana pasada en Lisboa se proclamó campeona de Europa de judo en la categoría de 52 kg. Como gran ayuda percibe una beca de 4.000 euros... anuales. Hoy estaría muerta de hambre si no la hubiera acogido hace tres años el Orleans, uno de los clubs franceses más poderosos del continente. Se habría desperdiciado una campeona de no ser porque hace un año Azucena Verde, la peculiar entrenadora y psicóloga que ofrece terapia de grupo a los jugadores del Hércules y a un grupo de gimnastas, la sacó de una crisis, “me rescató y me devolvió la ilusión para luchar por un sueño. Ahora el sueño es la medalla de oro de los Juegos”.
Regresó de Lisboa y lo primero que hizo fue comprar la prensa ‘de casa’. Tanto ella como sus colegas que acaban de conseguir cinco medallas continentales sabían que habían hecho algo importante, pero se sintieron maltratadas y humilladas. En el mejor de los casos, apenas unas líneas sobre su existencia en un mal breve: “Con todos los respetos, no quiero meterme con nadie, pero es una pena que sólo se hablara de las motos de Estoril, de Lorenzo y de Pedrosa y que a nadie le importe lo que hemos hecho. Esa falta de reconocimiento, los agravios comparativos duelen muchísimo. Pienso que es un flaco favor al deporte”.
Para explicar la medalla de oro, Ana habla de “trabajo, constancia, ilusión, motivación y mucha confianza en una misma porque al final eres tú quien tiene que solucionar las cosas dentro del tatami”. En cuartos de final la chica de oro se sacó de encima a la belga Ilse Heylen, medalla de bronce de los Juegos de Atenas, una contrincante con un historial apabullante. Eso le da alas para Pekín, “aunque ahora lo que necesito es quitarme el kimono, descansar dos semanas con mi familia, pasear por la playa de la Albufera de Alicante, mi preferida y comerme una paella en domingo. Necesito relajarme mentalmente. He pasado un año muy duro, con una presión constante por la obligación de meterme en los podios de todas las competiciones en las que he participado para ser considerada entre las cinco mejores del ranking. En el deporte es fundamental saber desconectarse y no obsesionarse con la competición. Eso te da fuerza y no acabas ‘quemada’ psicológicamente como les sucede a muchos”.
Cuando está en Alicante, en la Universidad donde estudia Magisterio de Educación Física, le ceden el tatami por la mañanas para practicar con ‘Azu’: “Ella me ha devuelto la sonrisa y la ilusión por el deporte. Le debo muchísimo. Su forma de ver el judo coincide con la mía. Su táctica es perfecta. Es la pieza, el complemento que a mí me falta”. Por las tardes acude al Judoclub de Isabel Fernández y su marido, Javi Alonso, “que es genial. Siempre que estoy aquí me entreno con ellos porque hay un ambiente de trabajo muy bueno”.
Sus padres la visitan con frecuencia en el pequeño apartamento de Joinville-le-Pont, cerca del INSEP, a 9 km del centro de París: “Hace tres años el Orleans me ofreció un sueldo y yo, a cambio, aporto esos combates que les dan la victoria y que han contribuido a que sean campeones de Europa por clubs. Ahora Francia me paga por entrenarme. Allí, el judo es el tercer deporte del país y está profesionalizado. Cuando vinieron a buscarme tenía que aprovechar aquella oportunidad o dejarlo, ponerme a trabajar y buscarme la vida. Me propuse alcanzar un sueño y sacrificarme”. El Orleans es un club con numerosos medallistas olímpicos y mundiales. Allí desarrolla los planes de trabajo de Verde y cuando se agobia se va a pasear “por los Campos Eliseos, Chetelet o la Rue de Rivoli. Eso me hace olvidar lo malos momentos”.
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