martes, 02 de febrero de 2010 2:41
Manuel Moreno
Figo, Ricky y Badalona
Ricky Rubio volverá a pisar el Olimpic de Badalona el próximo sábado.El partido, uno más de la Liga ACB, está siendo caldeado con intensidad desde círculos verdinegros y hace semana que se pueden adquirir ya unas camisetas insultantes para el ahora jugador del Barça. Parece que la herida abierta por un cambio de colores (del verdinegro al blaugrana) que siempre ha sido habitual no acaba de cicatrizar y las gradas de la Penya ofrecerán ante las cámaras de Televisión Española su imagen más agresiva. Algo así como lo que sucedió en el Camp Nou cuando Luis Figo volvió vestido de blanco. Todo normal dentro de la interesada e incontrolada pasión -provocaba por todos- que rodea siempre al deporte de elite.
Pero es una pena que sucedan cosas así. Ningún favor le hacen a la Penya quienes preparan el caliente recibimiento a Ricky por mucho que se sientan más penystas que nadie y, por supuesto, van a perjudicar la imagen de la siempre ejemplar afición badalonesa. Además, no tienen razón. A diferencia de lo que sucedió con el futbolista portugués, que negoció a escondidas del Barça, se fotografió con una camiseta barcelonista cuando ya tenía un acuerdo firmado con Florentino Pérez y se largó pagando unilateralmente la cláusula de rescisión, Ricky Rubio no abandonó a la Penya sino que fue el club verdinegro el que negoció con el Barça -además de con Minnesota y el Real Madrid-, llegó a un acuerdo y firmó el traspaso, se supone que satisfactorio para las dos partes. Con el OK de su hasta entonces club, Ricky se fue al Palau, firmó y elogió a la Penya en su primera rueda de prensa como barcelonista. Y desde ese momento ni una mala palabra para su ex-equipo ni mucho menos para sus seguidores, a pesar de que el ambiente que se ha encontrado por El Masnou -su población natal- no ha sido siempre ejemplar.
Nadie va a poder frenar -si alguien tuviera esa intención, que no lo parece- el ambiente del sábado en Badalona porque las reacciones viscerales resultan ingobernables aunque quiénes se vistan con esas camisetas y acudan al Olimpic para insulttar a Ricky harían bien en recordar -porque saberlo ya lo saben- que esta temporada pueden gozar en ese mismo recinto de un espectáculo de primera fila gracias a los 3,6 millones de euros que el consensuado traspaso de su ex-ídolo y ahora jugador más odiado dejó en las arcas del club. Lo racional sería darle las gracias con un homenaje popular, pero como el deporte puede ser todo menos racional ya podemos irnos preparando para un sábado tan caliente como absurdo.