jueves, 05 de noviembre de 2009 22:10
Manuel Moreno
Pobrecitos millonarios extranjeros
No entiendo nada, la verdad. El revuelo que se ha armado por la mayor presión fiscal que van a sufrir los extranjeros que llegarán a partir del 1 de enero del 2010 y que percibirán más de 600.000 euros al año es lo más absurdo que puedo imaginar. En un epoca en la que todos hemos descubierto el significado de las siglas ERE, cuando los más afortunados llegamos a final de mes con apreturas, cuando miramos de reojo en qué nos puede afectar la subida anunciada del IVA y nos preocupa como nunca la cotización a la Seguridad Social (base del cobro del desempleo y de la jubilación), resulta que elevamos a escándalo público que un puñado de privilegiados -¡cobran más de 600.000 euros!- vean reducidos sus actuales privilegios -vergonzosos, dicho sea de paso- para equipararlos, simplemente, a lo que pagamos todos.
Y no me refiero sólo a los deportistas (casi todos futbolistas, pero también una docena de baloncestístas y algún balonmanísta) sino también a los ejecutivos extranjeros que se han acogido a las ventajas fiscales que ofrece el regimen laboral español. Pero lo más esperpéntico es que la Liga de Fútbol Profesional (la patronal que reune a los clubs) amenace con paralizar la competición. ¿Los clubs? ¿Las cuentas con Hacienda no las liquidamos los trabajadores? Pues, no. En su siempre torpe gestión -nunca con castigo porque ninguna administración se atreve a cumplir la ley con entidades que arrastran millones de seguidores-, los clubs han asumido hasta lo que no les corresponde: los impuestos de sus jugadores. Su inutilidad a la hora de negociar les coloca ahora como perjudicados en un tema en el que debían ser simples espectadores. Y no vale su excusa de que es la única forma de fichar estrellas porque la presión fiscal en Inglaterra, Italia, Alemania y Francia era superior a la española y la 'estrella' hubiera acabando viniendo por bastante menos dinero.
Al margen del egoista interés de esos directivos, normalmente más peocupados en sus cuentas personales que en las de sus clubs, que en las próximas semanas tratarán de cubrir sus vergüenzas con demagogia, ¿a quién le puede parece mal que Cristiano Ronaldo pague -¡dentro de cuatro años!- el 43% de su contrato, lo mismo que han pagado desde siempre Raúl o Casillas, o que Messi, que ya lleva más de cinco años aquí, no pueda acogerse a los beneficios de que dispone el recién llegado Ibrahimovic?, ¿por qué el esloveno Erazem Lorkek debe pagar un 19% menos que Juan Carlos Navarro cuando los dos juegan al basket y en el Barça? o ¿por qué un ejecutivo japonés que Toyota tiene en España cotiza el 24% de sus más de 600.000 euros y un directivo español de Seat debe pagar -si es que alguno llega a los 600.000- un 43%?. Y lo deberían abonar los implicados aunque que lleguen a acuerdos para que sean sus empresas -un club no debería ser más que una empresa- quiénes lo abonen es tan lícito como ridículo por parte de los directivos salir después a protestar.
Pero nada parece normal en este mundo nuestro y mucho menos que afecta al fútbol. La excelente idea de todos paguemos lo mismo, que cada uno -español, extranjero, deportista, ejecutivo o lo que sea- cotice por lo que cobra va a convertirse en una guerra en la que entrarán las acostumbradas filias y fobias futbolísticas. Llegaremos a oir y a leer que es una ley contra el Madrid, o contra el Barça -o contra los dos al mismo tiempo- o bastantes barbaridades más porque eso es parte del circo, incluyendo que percibidores del salario base y obligados a dejar su tanto por ciento de IRPF entiendan de que Ronaldo e Ibrahimovic tienen excesiva presión fiscal y no deben colaborar demasiado con los gastos sociales de todo. ¡Pobrecitos! ¡Que desgracia que tienen por ganar más -muchísimos más- de 600.000 euros al año!