Regresé de Polonia contento. Lo que había comenzado con una amenaza de drama acabó con oro y lo que apuntaba a relaciones tormentosas entre periodistas y equipo acabó con abrazos de madrugada en una fiesta multitudinaria. Además pensaba que había entendido más o menos bien lo que había sucedido de puertas adentro en esos 15 días. Mi alegría duró apenas unas horas y unas pocas conversaciones con familia y amigos. No me había enterado de nada de lo que había sucedido en Varsovia primero, Lodz después y Katowice como despedida. Un par de días después mi trauma ya me hacía hasta preguntarme si verdaderamente había estado esos días en Polonia.

El primer inidicio llegó en plena competición y no le di demasiada importancia. "Han dicho por la tele que los jugadores se han plantado ante Scariolo", me apuntaron por teléfono. Imposible desmentir...ni confirmar. Lo peor vino con el regreso. "Pau Gasol se peleó con Sacariolo y casi llegan a las manos", apuntó un amigo introducido que lo oyó por la radio. "Marc Gasol no traga a Llull y por eso dijo lo que dijo", remachó el mismo amigo señalando idéntica fuente. "José Luis Sáez le dio un ultimatum al técnico italiano que estuvo unas horas en la calle, pero los jugadores pidieron su indulto", me apuntaron ya en la redacción. "¿Que pasó aquella noche cuando los jugadores y el entrenador discutieron a gritos en el hotel?", quiso saber otro de los fieles a los muy locuaces comentaristas radiofónicos. "Un periódico de Madrid publicó que Chus Mateo iba a sentarse en el banco ya el día de Lituania", me espetó el más aventurero de mis compañeros, "¿De verdad que no te enteraste? ¡Pero si lo sabe todo el mundo!", me han repetido continuamente.

Una semana después del regreso y ya recuperado del trauma del que no sabe nada de lo que los demás lo saben todo me atrevo a decir con tranquilidad que no, que no me enteré de nada. Y eso que le puse voluntad y hasta la suerte me acompañó porque en 8 de los 15 días compartí hotel con la selección española. Ví a los jugadores desayunar, almorzar, cenar, salir a pasear, sentarse en el hall rodeados por decenas de nosotros, bromear desde el entresuelo con los que estábamos abajo, charlar con sus padres y hasta me encontré a Marc por el pasillo medio desnudo porque regresaba de darse un baño en la piscina del quinto piso.Hablé bastante con José Luis Sáez, el presidente, mucho con Angel Palmi, el Director Técnico, y algo con diversos jugadores. También, claro, con los compañeros con los que compatíamos trabajo, comidas, paseos, viajes en tren y hasta alguna bronca. Creo que ellos tampoco se enteraron... o no callaban cuando yo estaba presente. Vi como una Red Foxes cuchicheaba con Pau, como la madre de Ricky incorporó al Elsa Anka al grupo de familiares, como Marta abrazaba a su hermano Rudy y hasta como la extrovertida Vanesa, la esposa de Navarro, batallaba por uno de los escasos canapés de los que pudieron disfrutar los jugadores.

Quizá fue todo eso lo que distrajo muy a pesar mío. Vuelvo a reconocerlo: no me enteré de nada. Ni siquiera de esa gigantesca confabulación de los jugadores que dejó a Scariolo fuera del equipo, colocó a su segundo para que no hiciera nada y sirvió para convertir en oro un pésimo inicio. Pero como mi autoestima sigue siendo alta, quiero pensar que nada sucedió, que los que tienen que hablar mucho hablan demasiado, que los que buscan historias de esas que el periodismo de pacotilla dice que no te las rompa ni siquiera la verdad tuvieron territorio abonado con las primeras derrotas y que el aficionado prefiere explicaciones cómodas y atractivas a análisis rigurosos y complicados. Como no me gusta jugar a eso más de lo que exije el guión, al final hasta me siento orgulloso de no haberme enterado de nada. O por lo menos no haberme enterado de lo que no existió. Y prometo seguir sin enterarme... de lo que no sucede.