La selección española de basket está siendo un ejemplo en las últimas temporadas. Ejemplo total. Da gusto ver la ilusión con que acuden jugadores que ya lo han ganado todo y que deciden pasar el verano -algunos la casi totalidad de sus vacaciones- trabajando. Sin ningún interés económico porque a Pau Gasol sudar durante casi dos meses le puede significar un 0,2% de sus ingresos anuales y al que más no le superará el 2%. Nadie va a la selección de basket por dinero y tampoco creo que por imagen comercial, aunque evidentemente les ayuda a la hora de firmar contratos. Van porque están sus amigos, porque se lo pasan bien y porque saben que pueden ganar. Desde que Pepu Hernández tuviera la inteligencia de potenciar el 'buen rollo' la selección ha sido un ejemplo y los exitos no son ni de Pepu, ni de Aíto ni ahora serán de Scariolo. Son de los jugadores, que divierten y ganan.

En este escenario también hay que entender a los que no quieren ir. No se trata, como se ha escrito por ahí, de una 'selección de caprichosos'. Hay que entender que José Manuel Calderón prefiera -por una vez y quizá sin que sirva de precedente- curar este verano todos sus problemas físicos para estar a punto en noviembre para hacer que Toronto Raptors optimice los buenos dólares que le paga. Por supuesto que hay que comprender que Carlos Jiménez decida poner punto final a esta etapa de su vida y, lo que está siendo más polémico, hay que respetar que a Fran Vázquez no le apetezca lo más mínimo estar en un grupo en el que tiene pocos amigos. Si aceptamos que la amistad y el buen rollo es la base de los exitos, habrá que aceptar también que quien no se sienta a gusto diga no.

Lo explico porque me llamaron el martes de la radio autónoma gallega y me quede asustado de los 'palos' que le pegaron al también gallego jugador del Barça. Por antipatía personal o por falta de información le acusaron repetidamente de poco maduro por renunciar a estar en el Eurobasket. A mí me parece ejemplarmente madura la decisión. Vázquez estuvo en la preparación del Mundial del 2006, que se saldó con una histórica medalla de oro, y no acabó contento. El y los que eran sus compañeros de selección saben el porqué y resulta lógico que no quiera acudir a donde sabe que no es bien recibido. A lo peor su presencia hasta dificultaba ese buen rollo. Se queda en casa y ya está. Todo sea por esa química que gana medallas y porque los que van a divertirse, se diviertan. Si hay exito en Polonia, Fran Vázquez habrá colaborado con él.