Thursday, November 26, 2009 6:23 AM
Carlos Galindo
¿Por qué son tan tontos…?

Sé que son pocos; una minoría. Pero 'haberlos, haylos'. Son pocos, en efecto, y son rematadamente tontos. Me refiero a esos deportistas que siguen 'enganchados' al dopaje y que, de vez en cuando, nos deparan un monumental sobresalto cuando son descubiertos con las manos en la masa y la noticia aparece con grandes titulares en todos los medios informativos del país. Se multiplican los controles antidopaje, cada vez es más efectiva la 'caza' del tramposo, los sistemas son más sofisticados... Pero ellos/as, nada, erre que erre; siguen en sus trece. Ajenos a la realidad que nos rodea. Inconscientes. Estúpidos hasta límites insospechados. ¿Por qué lo hacen?, ¿por qué son tan ignorantes?, ¿por qué se conforman con lo inmediato y desprecian el medio y largo plazo?... Hay tantas preguntas que quisiera hacerles a la cara.
El último caso afecta a Paquillo Fernández, tres veces subcampeón mundial y medallista de plata en los Juegos de Atenas'2004. A estas alturas de la investigación llevada a cabo por la Guardia Civil en el marco de la ‘Operación Grial’, no estoy muy seguro de si el granadino será vinculado directamente con esa oscura trama de dopaje o si por el contrario, no será imputado y quedará al margen del caso. En cualquier caso, alguna relación debió de existir entre el atleta y el feo asunto de las sustancias dopantes cuando se le asoció. Estamos hablando de Paquillo; sí señores, el mismo atleta que estaba llamado a ocupar un puesto en la historia de este deporte junto a Fermín Cacho y Marta Domínguez. Tampoco sé si a estas alturas sería más correcto escribir en pasado porque lo cierto es que al marchador de Guadix se le ha puesto muy cuesta arriba el futuro más inmediato. Paquillo está marcado. Ha quedado estigmatizado por su supuesto flirteo con el dopaje, lo mismo que varios ciclistas más, estos sí, imputados en la Operación.
Sé y me consta que la vida de todo deportista es corta, que tratan de sacar la mayor tajada en el menor tiempo posible. Pero de ahí a caer en las fauces de un lobo que siempre acaba dando la dentellada en la yugular dista un abismo. Al marchador granadino le costará sangre, sudor y lágrimas volver a levantar la cabeza. A sus 32 años y tras dos temporadas sin subirse a los grandes podios, nadie puede predecir, siquiera, cuál va a ser su futuro inmediato. ¿Lo tiene…? La vida es mucho más simple de lo que nos pueda parecer. No hay más atajos para alcanzar el éxito que el trabajo diario. Y quien los encuentre, sabe que está expuesto al escarnio público. Tarde o temprano caerá víctima de su propio error. Lo peor es la imagen que se transmite a los niños, a los jóvenes, a las bases… Los malos nunca ganan. ¿O sí?