Tuesday, February 09, 2010 3:14 AM
‘Pichi’ Alonso
El entrenador intervencionista
El Barça sacó adelante un partido sumamente complicado ante el Getafe por las circunstancias que se produjeron en el juego. Independientemente del debate del Villarato, del que paso olímpicamente ya que he considerado toda la vida – y lo he vivido en mis carnes al jugar en equipos más modestos como Real Zaragoza o RCD Espanyol-, que los árbitros en caso de equivocarse tiene tendencia a hacerlo a favor de los grandes, por las repercusiones que ello podría acarrearles.Dicho esto, que desde Madrid se mire al Barça es un síntoma extraordinario para el barcelonismo, pues cuando había 'madriditis' en la Ciudad Condal eso era sinónimo de éxitos del Real Madrid.
Volviendo al partido, que es lo que me gusta y me importa, he de felicitar nuevamente al técnico del FC Barcelona, Pep Guardiola, por su actuación durante el partido frente al Getafe. Desde el banquillo os aseguro que no es nada fácil ver lo que está sucediendo sobre el terreno de juego. Me refiero a entender lo que pasa, para así tomar decisiones, y corregir o modificar ciertos aspectos que puedan beneficiar a tu equipo. La gran incidencia del entrenador en la preparación del partido se da en los días previos: en entrenamientos preparando ciertos aspectos en función del rival, el día del partido en la charla táctica, y también en el descanso, donde se puede explicar a los jugadores lo que está pasando, lo que no se debe hacer y cómo hacerle daño al rival al observar sus puntos débiles.
Sin embargo, durante el partido es muy, pero que muy difícil. No hay tiempos muertos como en el basket para reunir a tus hombres y darles tres pinceladas de lo que está sucediendo y cómo actuar. Cierto es que todos los entrenadores gritan, animan, dan órdenes, gesticulan y hasta acaban rematando en ocasiones. Pero, ¿llega esto a sus jugadores? En la mayoría de ocasiones, seguramente no.
Tener la tranquilidad y la sangre fría en esos momentos que el corazón late aceleradamente, en los que te pueden embargar sensaciones y emociones, con la adrenalina a niveles poco habituales, u con los nervios a flor de piel, es muy difícil. Hay que tener la tranquilidad de ver qué está sucediendo y SABER rectificar o adecuar el planteamiento a las nuevas circunstancias del juego. Eso es lo que diferencia a un buen entrenador de un gran entrenador: saber leer perfectamente los partidos y saber corregir. Y fue en ese sentido donde Guardiola ante el Getafe supo estar muy participativo y tomar muchas decisiones, la mayoría de ellas acertadas, ayudando al equipo a sacar un partido que se había complicado en exceso.