Les doy mi palabra de honor. Si la acción de Cristiano Ronaldo la hubiera hecho cualquier jugador del Barça, cualquiera, incluso Messi, pensaría exactamente igual. Fue un codazo en toda la extensión de la palabra. Y no es de sentido común hablar de intencionalidad o no, porque eso sólo lo sabe Cristiano. Y tampoco lo es hablar de mala suerte por el hecho de alcanzarle en la nariz y no en el pecho, por ejemplo.

El nueve madridista se equivocó al afirmar que la gente que sabe de fútbol asegura que esa acción no es roja. Lo es. Y merece un castigo justo y proporcionado a la falta cometida.  Fue una acción fea, violenta, tanto que al jugador del Málaga le rompió la nariz. ¿Eso no cuenta?

El Real Madrid está en su derecho de pedir la cautelar, de apelar a quien desee, pero haría mucho mejor en reconocer, sin tapujos, que su estrella se equivocó y punto. SI los clubs, en vez de criticar las acciones violentas intentan justificarlas, mal vamos... 

No seamos cínicos. Si en vez de ser Cristiano el agresor, hubiera sido el agredido, en Madrid se hubiera pedido un castigo ejemplar. Igual que en Barcelona si el protagonista hubiera sido Messi.

 Otro discurso es la reticencia que tienen los árbitros para castigar las reiteradas faltas que sufren los jugadores de mayor talento, como CR y Messi. Los dos, y otros de su perfil, como Iniesta, Silva, etcétera, padecen en cada partido una persecución vergonzosa. Les dan patadas, pataditas, agarrones, en fin, que es comprensible que alguna vez estas estrellas pierdan los nervios.

Pero si lo pierden, les pillan y encima hacen daño, han de pagarlo. Hay que proteger a los grandes futbolistas porque son la esencia de este deporte. Los árbitros no lo hacen y después pasa lo que pasa.