Johan Cruyff, con toda seguridad, será designado, en los próximos días, seleccionador catalán del equipo de fútbol. Una elección que única y exclusivamente puede entenderse desde el punto de vista mediático. Cruyff, aunque lleva catorce años sin entrenar, vende. Se ha convertido en una marca. Y su 'caché', a la luz de lo que le paga Mediapro por comentar unos cuantos partidos de fútbol, es multimillonario. Tiene precio de Premio Nobel...

Lo que pretende la Federació Catalana de Futbol (FCF), y está en su derecho, por supuesto, es que la presencia de Johan Cruyff le permita sacar a flote a una selección que languidece. Con Cruyff en el banquillo es más fácil que quieran enfrentarse a Catalunya selecciones con pedrigí. Iría más gente al campo de fútbol (taquillaje), aumentarían los derechos de televisión, subiría la publicidad estática y todo ello, sumado, le reportaría a la FCF unos ingresos que necesita como agua de mayo. Sus arcas necesitan una inyección de euros con urgencia. Y si nombrar a Cruyff seleccionador de Catalunya es una solución, bienvenida sea. Hay un proverbio búlgaro que dice que está permitido ir de la mano del diablo hasta haber cruzado el puente...


Otra cosa, muy diferente, es la idoneidad e ideología. Muchas de las personas que están trabajando en este proyecto son unos acérrimos defensores del derecho de la selección catalana a poder participar en competiciones internacionales y, por supuesto, de la lengua y la cultura de este país. Y es aquí donde chirría la idea de contratar a Johan Cruyff porque, quitémonos todos las caretas, por favor, el catalán se la trae el viento...

Lo ha dicho en público y en privado. Lleva más de 20 años viviendo en Catalunya, sus nietos son catalanes y a él nunca le ha dado la gana esforzarse lo más mínimo por hablar catalán. Sostenía Johan en una entrevista que no valía la pena aprenderlo porque cuando sales de Catalunya no sirve para nada, así que era mucho mejor, decía él, centrar todos los esfuerzos en aprender inglés, mucho más útil internacionalmente.

 La propuesta de la FCF a Cruyff, además, ha indignado a mucha gente del mundo del fútbol. Carles Rexach y Migueli, otros dos mitos vivos del barcelonismo, lo han hecho público. ¿Acaso sabe Cruyff qué jugadores catalanes hay repartidos por la Liga española? ¿Iría a ver un encuentro de algún equipo catalán de Segunda A o Segunda B para tener así más conocimiento de causa a la hora de confeccionar la lista?

Hombre, si vas a pagar a Cruyff, o a su Fundación, para que otro le haga la convocatoria y el sólo debe sentarse en el banquillo, pues vale. Hiddink, técnico holandés, llevó a Corea del Sur a las semifinales del Mundial 2002 y respondía en inglés. Pero este no es el caso, ¿verdad?