Que se sepa, a día de hoy, el Barça todavía no ha ganado nada. Por lo tanto, lo primero que debemos exigirnos es prudencia. Está muy bien soñar con el Triplete, pero hay que conseguirlo en el campo, no en la Prensa. El Barça lo tiene todo en su mano para hacer historia, para convertirse en una referencia a nivel mundial -que ya lo es-, pero falta dar el último paso. Lo que toca, ahora, es olvidarse ya del 2-6 al Real Madrid, incluso de la clasificación para la final de la Champions League. Es decir, el Barça debe aparcar la euforia. Y el entorno, también.

No me ha gustado nunca que las victorias se den por seguras. Hay que merecerlas en el césped, jugando, como ha hecho el Barça hasta el día de hoy. Los azulgranas, y toda la familia barcelonistas, cometerían un error gravísimo si pensaran que este domingo doblegar al Villarreal será coser y cantar. Y que el miércoles, en la final de la Copa del Rey, el Athletic doblegará las rodillas. Y que el día 27, en Roma, el Manchester United no tiene nada que hacer.

No, no y no. Humildad, Barça. Respeto. Conozco a Pep Guardiola y a su equipo de trabajo y sé y me consta que así se lo ha pedido a sus jugadores. Les ha dicho que sean capaces de abstraerse de todo lo que les rodea, incluso en su entorno familiar. No es fácil, desde luego. Los aficionados culés están que no caben de gozo, orgullosos de su equipo y es lícito que disfruten de este momento. De todos modos no les debería costar ningún esfuerzo retenerse un poco, no vender la piel del oso antes de cazarla. Ya llegará el momento de expresar y dar rienda suelta a toda la satisfacción acumulada, de celebrar los títulos.

Por eso, lo primero, ahora, es intentar ganar la Liga. Dependiendo de lo que haga el Real Madrid ante el Valencia este sábado, el Barça podría ser campeón el domingo si vence al Villarreal. El duelo ante los castellonenses debería ser el más importante de la temporada. Y el lunes, a preocuparse por el Athletic de Bilbao, equipo que, por cierto, ha reservado ante el Betis a todos sus pesos pesados para dirimir la final de Valencia.

Hay que ser temerosos, que no miedosos. La precaución y la humildad nunca vienen mal. Son unos excelentes compañeros de viaje.